viernes, 12 de diciembre de 2008

La venida del ala

Esto es el principio de un cuento que suma 17 páginas y que, debido a su longitud, no me atrevo a publicar completo. Espero que les guste.

La venida del ala

Sus brazos se torcían, encaminándose por la dirección opuesta al horizonte. Ese inmóvil crecimiento dejaba clara su búsqueda de la lejanía, pues al ver tal cosa nadie era capaz de reclamar que no lo hacían por maldad, y que no era un accidente. Maldad fue mi primera intención, y a pesar de haber desarrollado después un sentido de culpa, esa fue la explicación con la cual opté quedarme. Fue lo más natural, y no tuve que decidir nada. Seguramente ellos ya tenían una idea, sí, la tenían pero todo era tan callado, y tan intencional que me daba rabia. En cuanto a eso de no saber, eso se dejó atrás. Ellos sabían y por eso luego yo supe. Era por eso que no podía hacer nada al respecto y, total, nunca lo consideré mucho como opción. Pero hubiera sido bueno y admirable. Poder moverse en forma franca. Lo bueno y lo admirable fue que ninguno de ellos era conocido y ahora solo queremos recordarlo en la suma de toda esta historia.

Los vi hacerlo desde una distancia increíblemente lejana, y todo el ambiente podía hasta dar a entender que era un espejismo. Atravesaba un valle medio desértico y frío. Digo desértico pero tenía grama increíblemente verde y húmeda, bien esponjosa y crecida. Eran ellos, en todo caso, los que precipitaban ese cambio instigador por entre los troncos granosos. Y yo enseguida pude completar el resto de la imagen, y sería estúpido decir que pudo haber sido otro acto eso que presencié. Mis ojos pudieron cortar la sequedad del aire que nos separaba ya sin engaños, sin toparse con resistencia natural alguna. Hay cosas que se pueden confirmar de un vistazo.

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