viernes, 19 de diciembre de 2008

El debris del panorama

Principio de un cuento de 7 páginas.

El debris del panorama

Había un hombre que vivía en una pequeña casa de ladrillos. Ahora, ¡callen!...no se adelanten en la historia, que lo que hacía triste esa casa no era su pequeñez, aunque se podría decir, que, como todo lo demás, tuvo su rol accidental en el desarrollo de la persona dentro de ella.

La casa era pequeña, rectangular, pero muy alta. Era un área industrial, donde se marcó el progreso sólo para que convulsara hacia el suelo al cabo de unos años. Eran de textiles, con unas ventanas altas, frecuentes, a lo largo de toda una pared. Sus techos de medio arco sólo seguían ahí porque ya sabíamos que así es como se supone que fueran en un principio, pero la verdad es que ya hasta sus ladrillos se estaban desmontando hacia el barro nuevamente. En general, casi todas las paredes de las fábricas estaban dobladas hacia el interior, sorprendiendo extrañamente a todo transeúnte que fuese atrapado con la guardia baja.


Hacía un tiempo la casa había sido algo asi como una torre, pero de los cuatro pisos solo le quedaban tres. El cuarto piso no tenía techo. El primero, servia de cocina, con una pequeña mesa al lado de la estufa. En el segundo había una sala. El tercero era un dormitorio con una gran cama abultada hacia abajo (le recordaba a la luna a nuestro personaje) y un guardarropa de una sola pieza. Originalmente, eso que ahora era una casa solo había servido como una de las torres de algo que, antes, había sido más grande. Ahora sólo quedaba un gran portal atado a esa torre, un arco que daba la bienvenida a la nada, o tal vez, a la pared de la fábrica que se encontraba a unos metros de distancia. Una vez menciono esto siento la necesidad, de igual forma, de mencionar que este extraordinario caso se daba de igual forma con casi todas las fabricas adyacentes...los grandes marcos de acero, con sus puertas torcidas entre la arena, acentuaban cruelmente la presencia de la mansión embrujada.

Ruins

Primer poema que escribí, primer poema que publiqué (Brainstorming).


Ruins

Good as new, the building stands...
Pores in the wall widening
A current of fisures rushing through the walls
While it smiles, it falls appart, slowly
Glory celebrating decay in motion.

Sliding slime that gathers till the first day
slicing slowly the stones
that from the ground were propelled upwards
by a sudden, hopeful force
just to land again in terrible suspense.

Insignificant dust planning havoc and disease
dispersing through the fields
corrupting every inch
a gust of wind with different personalities
detonating every volatile inch of the structure.

Three windows severely aligned
severely damaged, now twisted inwards
Brilliant simplicity and order, always ignored
crumbles away and is lost in the ignited atmosphere
to become the center of attention of the ash tray.

Straightness and thickness did not suffice for the stone
...As straight as the blades of rain
...as thick as the persistent gust of wind.
Weeds hope to fend the world
with sharp leaves that remain leaves
and sturdy roots that in vain grasps but a handful of earth.
The misery of evading misery.

There is no other hope
but to ignore the past
for the stern wall of stone
that now, inclined forward, its powerful back full of creases,
supports the roof
so stupidly, so admirably.
reproaching itself with sorrow as it bends,
The yonger walls have long fled from its eyes,
now there's nothing to gaze at but dirt
Now with what strength will it maintain?
The only thing that is not certain is when.

It never shined, it was never perfect
The sun of cheerfulness, ignorance and convenience
revealed the dull, trembling countenance
that it once covered but did not erase.


The first step to hapiness causes pain.
...Death stole the moment of triumph
just before crushing the rotting wood
that was openly rejoicing, seconds before
merciful was Time, who gave it such opportunity.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Escena de campo

Inspirado por la etapa de Goya que se conoce como los desastres de la guerra.

Escena de campo
Las sogas pesan por los cuellos desatados
curvas flojas en desvelo, respirando en pos de nucas
en dirección ventajosa, sobre horizonte finito.
Presenciado inútil por mi vista,
encrespados lo cruzan los dientes desechos
con son erróneo de visita, en hilo, hilera, en mechón maduro.

Un penacho es cautivo entre ellas
cuando un yelmo juega a mundo
más abajo; de otra escena es supuesto.
Unos ojos separados son cubiertos, auxiliados
por el manuseo sobre frente que provoca en sí el soldado.

Son alzados de inmediato, por mi intento
fuera del corcel único dorado, hacia firmamentos.
Recoloco en mis manos unos ojos reflectores
de la voracidad de su imagen, y de un desprecio.
En encuentro fue propicio, este hecho venidero.

Supe sus penas, en sobrantes cincos me la abstuve
la sé aún, ahora, para el gusto las reservo.
En arreglo les abrevio, son mis ojos su exceso
ellos caen, ellos tragan; me los llevo,
transgrediendo en su sentencia en mímica del sufrimiento.

Los caballos vituperean lejos, de un tercero me sujeto
en miedo caigo al romper su cuello
proponiéndome un aparte, silenciado.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La imagen

La imagen
Pierden terreno los ojos glaucos
que guardan las cienes de un perfil rotante.
El horizonte se coloca alderredor de tu cabeza
podría ser corona la frontera de tu tierra.
Tus ojos fueron y de ahí partieron
la Tierra en dos: lo previsto y lo olvidado.

Entre tanto, viste alrededores
cuando tus ojos no te alcanzaban,
y se detenían en el perímetro inútil
que te sostiene y circunda.

La venida del ala

Esto es el principio de un cuento que suma 17 páginas y que, debido a su longitud, no me atrevo a publicar completo. Espero que les guste.

La venida del ala

Sus brazos se torcían, encaminándose por la dirección opuesta al horizonte. Ese inmóvil crecimiento dejaba clara su búsqueda de la lejanía, pues al ver tal cosa nadie era capaz de reclamar que no lo hacían por maldad, y que no era un accidente. Maldad fue mi primera intención, y a pesar de haber desarrollado después un sentido de culpa, esa fue la explicación con la cual opté quedarme. Fue lo más natural, y no tuve que decidir nada. Seguramente ellos ya tenían una idea, sí, la tenían pero todo era tan callado, y tan intencional que me daba rabia. En cuanto a eso de no saber, eso se dejó atrás. Ellos sabían y por eso luego yo supe. Era por eso que no podía hacer nada al respecto y, total, nunca lo consideré mucho como opción. Pero hubiera sido bueno y admirable. Poder moverse en forma franca. Lo bueno y lo admirable fue que ninguno de ellos era conocido y ahora solo queremos recordarlo en la suma de toda esta historia.

Los vi hacerlo desde una distancia increíblemente lejana, y todo el ambiente podía hasta dar a entender que era un espejismo. Atravesaba un valle medio desértico y frío. Digo desértico pero tenía grama increíblemente verde y húmeda, bien esponjosa y crecida. Eran ellos, en todo caso, los que precipitaban ese cambio instigador por entre los troncos granosos. Y yo enseguida pude completar el resto de la imagen, y sería estúpido decir que pudo haber sido otro acto eso que presencié. Mis ojos pudieron cortar la sequedad del aire que nos separaba ya sin engaños, sin toparse con resistencia natural alguna. Hay cosas que se pueden confirmar de un vistazo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

El extracto del lirio

El extracto del lirio

Una presencia de hojas sobre hojas
lirio soy, contra las dulces brisas,
encarando las risas y cuerpos de arbusto
más alla del horizonte, contra la luz roja.

Y el dibujo lo traza sobre bellas formas
línea en mil años, en halo inciso
y la vida se condensa en más vida
la gloria alterada en el plan, enjambrada.

Me doy en flor por no ser piedra en tierra muerta
y un pétalo es armadura, pues en vivencias de antiguas formas
la curiosidad conjuró el elixir de vida,
el insuperable brote de pétalos en copa.

Más fuerte en la vida deseada que en ésta
mejor logrado concebido que extrañado
mejor visto en horas de airado sol flotante, oro alado
y no en la imposible sombra de ancestros ralos.

Mundos extintos, regidos entre vientos
que en hierro encontrado extraviaron secretos
con desconocida certeza pisaron regias tierras
al lirio no vieron, encapuchado, en un día de sol blanco.

El sacrificio del arte

Traigo aquí un ensayo que me fue publicado en la revista universitaria, Diálogo (mayo). Si quieren una copia, todavía me quedan como tres.

El sacrificio del arte


En la instalación "Eres lo que lees", inaugurada en una sala de Managua en agosto del 2007, el artista costarricence Guillermo 'Habacuc' Vargas exhibió una obra llamada "Natividad". Natividad fue el nombre que Habacuc le dio a un perro realengo que seleccionó para que no sirviera de estorbo con su propia muerte. El nombre, tal vez, invocaría una infinita lista de metáforas secundarias y terciarias en el observador, con la ayuda de una culpa incombatible que entregaría a la audiencia para que tuviera efecto al salir de la sala. Este nombre no involucra memorias o sacrificios de una mascota domesticada, sino de un perro realengo que el artista mandó a dos niños a capturar, para que recordáramos de la forma más oscura cómo el hecho de la vida lleva eventualmente a la muerte. Natividad fue atado en la galería con una cadena para que completara mediante su desnutrición (hasta posiblemente la muerte por inanición) una obra que, hasta el momento, había logrado ser lo más impersonal posible en todo el procedimiento previo.
Para evitar que cualquier verdad humana innombrable se considere digna de repetición, hay que recordar el ambiente en el cual se produce, y las causas de ello. Esta obra se ejecutó desde la insaciabilidad de una pasión que se creía completa en su omnipotencia. De emoción tan franca, salen otras emociones igualmente verdaderas que probarán su existencia, pero no su necesidad de existencia, verdades que nunca deberían actualizarse. De otro lado, la obra no logra emociones efectivas. Lo logra Natividad.

Esclareceré una diferencia entre el arte y lo innombrable, que artistas como Guillermo Habacuc han ignorado con una mala interpretación de la palabra vanguardia. En el ámbito de la expresión artística exxisten espacios pequeños para la sutileza, pero no deben usarse como un lote de exageración; es imperativo que no se interprete la innovación o la excepción como un primer paso para el abuso. Esas licencias tomadas, estimuladas por el lucro creado por el escándalo, no deben ser admiradas por razón de su inadaptabilidad. Si se va a hacer la excepción, que ésta se haga a partir del modelo a cambiar, en vez que basarse en esa invención de lo imposible (causar la muerte), que mucho se ha malinterpretado. En su esfuerzo por menospreciar el arte clásico, rechazan el esfuerzo de hacer arte, el cual como se asume como regla, es considerado por éstos como caduco. Para no caer en la inactividad, nuestro esfuerzo crítico deberá también dirigirse a tales obras. Si queremos seguir disfrutando de obras de arte nunca antes vistas, debemos salir de esta astucia partidaria por la mediocridad que, así como simplificó hasta la deformación muchas ideas con el propósito de entenderlas, también podría hacer del arte y de su crítica todo un circo de entretenimiento.

Si bien se puede decir que el propósito del arte representativo no es solamente la representación de lo horroroso, es innegable que el propósito del arte representativo es evitar la asimilación de ese horror. La audiencia no debería ser responsable de establecer diferencias entre la obra y el horror si ello requiere un esfuerzo imaginativo extraordinario. Eso sólo significaría que el artista habría fallado y que, en todo caso, su audiencia es más merecedora del título de artista por haberle tolerado el crimen. Guillermo Habacuc sólo depende de la culpa de la audiencia para poder sostener su obra en pie, y pretende que se atribuyan el crimen hasta el punto de hacerse cargo del proceso de expiación del artista. La audiencia lo logra “absolver” y el artista logra excusarse señalando la parte de la historia que "todo el mundo" conoce, ignorando la responsabilidad de ejecutor bajo la impresión de que su acción, por ser más "down to earth" y mundana, muestra menos culpa.

Habacuc de veras maneja con una maestría impresionante los cadáveres emocionales de la burguesía, pues antes de ejecutarlos, aclara que él no fue el primero ni será el último. El se ofrece como el asesino a sueldo ("henchman"), intentando asumir una posición objetiva y desvinculada, reclamando el papel de mensajero entre victimario y víctima Tras la apertura de su exhibición, las quejas se hacen insoportables a sus oídos: no son válidas, dice, en tanto que se han escuchado antes y, por tanto, su repetición no logra nada. No logra nada a costa de él taparse los oídos, si acaso, pero que no sea él quien las anule para luego señalar su ineficiencia. Lo que ignora Habacuc es la intención de la queja. Pretende enjaular a la audiencia en su propia hipocresía, una vez ésta ceda a su curiosidad, convirtiéndola en el grupo control de su experimento. De alguien en la audiencia darle comida al perro, su arrepentimiento debería de antemano ser inoperante dado el hecho de que en muchos casos indeterminados los demás miembros del público no harán lo mismo. De alguien quejarse, los demás acallarían su queja y se expresarían con excusas pre-hechas sobre su poca civilidad y su inexplicable resistencia al arte. La posible salida indignada de la sala conllevaría la atribución absoluta y mortal de esa enfermedad llamada hipocresía. Habrían sido hipócritas y su momento de redención, si acaso, se apreciaría en otro espacio lejano y detestable: este espacio sólo era útil para la acumulación en un barómetro de los jugos de su hipocresía.

De no ser por todo este delicado ecosistema emocional-artificial, la obra de artistas como Habacuc se vendría abajo. Los que están afuera tendrían fácil acceso a una opinión propia, baja en la concentración de conformismo y con las impurificaciones climáticas y tempestuosas que trae esa lista tan injustamente amplia de valores. En la sala, los valores tendrían que suspenderse, para pretender que al salir se recogieran con conciencia, recordándose con entusiasmo cómo todo eso puede que no fuese así, imaginándose capaces de esa crueldad ahora tan imaginable.

Finalmente, se aprecia en esa incompletud de la “obra” el incumplimiento, la inhabilidad de desarrollar la perplejidad. Esa perplejidad tan fascinante en sí o más bien, en uno, puesto que inspira al ego a dar un paso desproporcionado y le permite al ego de la audiencia apropiarse de la "obra". No sería un esfuerzo dirigir esa angustia hacia el mal, hacia la representación misma, pues, después de todo, ahora se considera al horror representación de algo que podría siempre ser peor. Con este horror que nos visita en algunas salas de arte en cantidades moderadas, podemos disfrutar un experimento control en mano, llevado a cabo por nosotros mismos mientras nos llamamos aún “buenos”.

Así es que el artista imita con exactitud una verdad de su audiencia. Así también es como la aprecia. Así, de igual forma, es como la audiencia baja la guardia y se satisface una vez nombrada su desafortunada verdad. ¿Pero con qué se paga ese precio de dar el ejemplo? No vamos a ignorar, por haber defendido los derechos del perro Natividad, que la mayor parte de esta audiencia también se incomode viéndolo. Se incomoda a pesar de que lo tolere, y eso siempre fue lo que permitió que, al ser visto una primera vez, se pudiera evitar en la segunda ocasión. De la segunda ocasión ser muy imperceptible, ya estaremos convencidos de que nada de nosotros será partícipe en esa tercera ocasión.
12 de abril de 2008

- Ni el artista ni la galería han aclarado todavía satisfactoriamente si el perro murió o no como resultado de habérsele atado por un tiempo indeterminado a una pared de la instalación de arte sin recibir alimentos.

El orador

El orador
¿Qué hace a mis palabras respuesta, entre las tuyas?
¿Qué hay de mis oídos huésped, en los tuyos?
¿Qué de mis labios los tuyos abandonan?
¿Qué de mi boca que la tuya traga ahora?

¿Tan conmovedor fue escuchar mi acento
en tu susurro incomprensible?

¿Qué mérito te enseñas, escuchándome dos veces?
Te satisfacen mis recuerdos mientras miras mis ojos
la ambición la despiertas por ponerte a ti en prueba.
Te inclinas frente al golpe demorando en mi cadencia.
Por tu servil gesto soy desmerecido amo.
Equipara tu conciencia a la fuerza de la Bestia
adoptando mezquindades cuando sabes tu inocencia.
Si es así, ¿qué hay de ella
qué hay de ella que tus labios no merezcan?

Pero tus ojos se salen del orbe y rehabilitan mi …silueta
retornan circunscritos, con palabras predispuestas
palabras que prometan, que me rindan pleitesía
que estén concientes que perdonas y desmientes mi insolencia
para abarcar cualquier camino inquieto en las afueras
de esa idea que aún no enfrentas por verme en ella.

¡Cúanto has logrado, entre-viéndote en mis huestes!
¿Cuándo has logrado en mis huestes entreverte?
Sigue adelante, público, comprometido en la promesa
sabela tolerable, mientras perdura entre Miseria
y se hibridiza su conciencia, teniendo de otras vidas
bebiendo entre palabras de éstas fiestas costumbristas.
Así apartas tus ideas por dirigirte a mi…¡cadáver!

Recitas mi perdón, ¡yo insisto en tu condena!
mientras mi odio racionado se descarrila hacia tus sendas.
¡De ser tan inocente, no excedas tu benevolencia!
De ella no habrá nada si en simulacros la incrementas

No vivo en tu pasado por extraviarte en un futuro.
No revivo tu pasado por presenciar tu decadencia.
Barro secado, expuesto al sol para mejor quebrarle.
Grabado en piedra donde atacuñar polvo.
Jeroglífico ingeniado
para desde un principio ser anciano.
Torre bloque en bloque puesto
midiendo capas de tierra que sobrepasarán cualquier cabeza
(¿no hacen eso ya las fosas dentro las cuales nos tiran?).
El papel marcado en grafito por donde
primero se desgasta es por el escrito.
Firma individualizada hasta lo ilegible.
La muralla hecha pedazos es la mejor para el graffiti.
Información computadorizada para poder perderle en masas.
Los mensajes abreviados para salvar lo poco matando mucho.

Nuestra evidencia debe cumplir estos
aciertos indirectos,
estimular la intervención del olvido.
Lo mismo es todo esto que usar tinta invisible.
¿Pero qué me importan a mi ojos extrahumanos?
Deberían ser inimaginables, acabar con esta mentira.
No hay algo fuera de nosotros
y de haberlo, nuestro ojo lo ha absuelto
le ha extendido el don de la mortalidad.

En mala hora, la libreta habla

En mala hora, la libreta habla

Yo recupero una vida, ahogada de aire
furiosa, cuyo dueño no reclama.
Rápidamente logro cubrir mis páginas,
con una presteza inolvidable entre sorpresas y secretos
que se me aventajan.
Mi soledad con tal vida es injustificable
y su presencia conmovería al creador de vidas.

Podrían ser contadas, por capacidades de otras bocas,
teniendo en vez a mano mi esperada incredulidad.
Hay muchas páginas exactas
que despegaría las unas de otras y es ilógico
que por dormirme, todas las posibilidades del
mundo se lavaran las manos de su mortal destino
inevitable.

Ahora soy responsable de cada final que se anuncia.
Hay detalles que nunca se entendieron, hay garantías,
y por mi parte, hay presencias tardías.

No puedo pretender nada,
con tales palabras pretendiendo tales cosas.
No me dicen nada
mas que vidas mal vividas
y me hacen a mí su futuro insuperable.
En mala hora.