Principio de un cuento de 7 páginas.
El debris del panorama
Había un hombre que vivía en una pequeña casa de ladrillos. Ahora, ¡callen!...no se adelanten en la historia, que lo que hacía triste esa casa no era su pequeñez, aunque se podría decir, que, como todo lo demás, tuvo su rol accidental en el desarrollo de la persona dentro de ella.
La casa era pequeña, rectangular, pero muy alta. Era un área industrial, donde se marcó el progreso sólo para que convulsara hacia el suelo al cabo de unos años. Eran de textiles, con unas ventanas altas, frecuentes, a lo largo de toda una pared. Sus techos de medio arco sólo seguían ahí porque ya sabíamos que así es como se supone que fueran en un principio, pero la verdad es que ya hasta sus ladrillos se estaban desmontando hacia el barro nuevamente. En general, casi todas las paredes de las fábricas estaban dobladas hacia el interior, sorprendiendo extrañamente a todo transeúnte que fuese atrapado con la guardia baja.
Hacía un tiempo la casa había sido algo asi como una torre, pero de los cuatro pisos solo le quedaban tres. El cuarto piso no tenía techo. El primero, servia de cocina, con una pequeña mesa al lado de la estufa. En el segundo había una sala. El tercero era un dormitorio con una gran cama abultada hacia abajo (le recordaba a la luna a nuestro personaje) y un guardarropa de una sola pieza. Originalmente, eso que ahora era una casa solo había servido como una de las torres de algo que, antes, había sido más grande. Ahora sólo quedaba un gran portal atado a esa torre, un arco que daba la bienvenida a la nada, o tal vez, a la pared de la fábrica que se encontraba a unos metros de distancia. Una vez menciono esto siento la necesidad, de igual forma, de mencionar que este extraordinario caso se daba de igual forma con casi todas las fabricas adyacentes...los grandes marcos de acero, con sus puertas torcidas entre la arena, acentuaban cruelmente la presencia de la mansión embrujada.
viernes, 19 de diciembre de 2008
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