viernes, 24 de junio de 2011

Querer ser

Querer ser otra persona es cederle el cuerpo a lo que mantenemos distante. En el extrañamiento de lo ajeno no buscamos proximidad, sino que nos auto-imponemos un estado de euforia que se nutre de la distancia y el efecto espejismo. El mayor atractivo es que luzca borroso e inalcanzable dentro del desértico e infertil mundo de lo conocido. Cuando fuerzo la vista en su dirección, no busco atribuirle detalle, sino ahogarlo a fuerza de lágrimas. Al querer ser otro, la participación se limita a atestiguar la posesión de nuestro cuerpo, no por la otredad, sino por el espejismo que extraigo mediante el lagrimar constante de unos ojos agotados. Lubricamos los ojos como si se tratara de bolas de cristal. Les quitamos precisión y enfoque en el abrillantamiento de nuestras esferas, diluyendo la imagen reconocible hasta desfigurarla y poder hacer de sus despojos algo innombrable y con potencial monstruoso. No buscamos familiarizarnos mediante la transformación, sino desposeernos, y que eso "otro" ocupe nuestro lugar, desde la inconcebible, perceptible distancia. Si nos sumimos, es en el arrebato.