miércoles, 26 de agosto de 2009
Escribo esto en lugar de recopilar los primeros fallos que ha señalado el jurado de un compañero. Esto es lo que yo llamaría complicidad, no sé si con el jurado o con la víctima. A todo esto no me distingo del resto en una escena donde lo crucial es ser visto anotando. Esto no tiene por qué ser leído. De seguro algunos de los míos dibujan garabatos, en vez que anotar. Este garabato no debería superar el resto. Pero esto le es un garabato al ojo humano por ser legible, a diferencia del resto. Su función principal siempre fue la de rellenar tiempo, espacio...la de cumplir con la imagen. Dos vistazos de la profesora le han provisto base a toda esta retaíla, y de seguro he sobre-reaccionado. Me vigila, me castigo. Lo mejor es interrumpir la historia, todo con tal de que no les sea posible ver anotaciones o "bullets" cuando me miran de lejos.
viernes, 21 de agosto de 2009
Yo he visto al sol morir dos veces.
Esto lo escribí ayer, a la 1 am, en uno de esos momentos (que ya no puedo llamar "día") en los cuales veo al sol morir dos veces antes que yo, de una forma sobrenatural.
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Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Se ha enterado y enterrado, y por ello soy mortal.
No cuento sus muertes con romanos, cruzando el quinto sobre él.
Le dedico números estrechos que sólo culpan al papel.
Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Suspendiendo todo cuento
que a la luz de falsa hoguera deslumbré.
Y mientras que puedo con descaro
predecir su muerte, sin placer,
ya sé que de alzar mi lanza
se cruzará con rayos que ha mil años sobre mí varó.
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Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Se ha enterado y enterrado, y por ello soy mortal.
No cuento sus muertes con romanos, cruzando el quinto sobre él.
Le dedico números estrechos que sólo culpan al papel.
Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Suspendiendo todo cuento
que a la luz de falsa hoguera deslumbré.
Y mientras que puedo con descaro
predecir su muerte, sin placer,
ya sé que de alzar mi lanza
se cruzará con rayos que ha mil años sobre mí varó.
viernes, 7 de agosto de 2009
Arquitecto
A mi me hizo la vida un arquitecto prestigioso con su suicidio. Tomó el mismo vagón que yo, y en el momento parecía esconder algo aparte de su arma, razón por la cual escogió la banca que me encaraba, ambas apartadas del resto de nuestros compañeros de viaje. Para que haya silencio alguien tiene que presenciarlo, y al parecer, el era todo ruido en esos instantes y necesitaba de mi ayuda. Yo asentí a su ausencia de antemano, como de costumbre. Nada. La explosión fue contenida sobre la retina. Cualquiera diría que se originó en el ojo mismo, cualquiera de los cuatro, aspirando de forma lógica al centro operacional de éste. Pero siendo la superficie del ojo lo suficientemente sólida, el alcance de su centro o nervio es sólo teórico. Yo de por sí podía ver cualquiera de estos ojos míos, aunque su visibilidad dependiera del evento presenciado, como si éste fuera una escena que, mediante la edición, se le hubiese adherido de forma secuencial. Ver de por sí la superficie resbaladiza de ese ojo ya era algo digno de celebración, pero yo hubiera querido llegar a ese nervio, aunque sacrificase así toda visión, aunque me tuviese que limitar a palparlo, por haber atrofiado todo su sistema operacional. De haberlo visto otro, yo hubiera creído en él. Facebook, entre otros, me dice "escribe algo sobre ti". Si escribo algo, no será sobre mí, sino acerca de superficies más duraderas. Solo podría escribir bien sobre mí evadiendo mi superficie. Por la superficie son observables los huesos, y los músculos que me dan movimiento no permiten que se de un segundo movimiento simultáneo sobre la piel. Pero es ridículo pensar que cualquier otra capa más profunda se preste para lo mismo. Lo definitivo es que escribiría, sobre todo, acerca de mi piel. Excluyo mi cuerpo de este "todo", teniendo ya el lugar de tema. No creo que contentarme con esta superficialidad saque a relucir una segunda superficialidad aún más profunda, como si se tratase de una caja china. Si hablo de la piel reconoceré sus propiedades físicas, sin demorarme en alguna ruptura que saque a relucir...nada. Según tengo entendido, la sangre y demás relaciones sanguíneas se encargaran de ocultarlo. Pero la ruptura inmediata no está garantizada sólo por tratarse de la piel. Rupturas se pueden dar en áreas más profundas que nos lleven a una segunda superficie, polar. No se trata sólo de la piel, sino que se trata la piel sin ser esta tapiz ornamental, sin haber muerto ésta aún. Eso es lo visible, y no nos tiene que llevar siempre a una suposición sobre el estado anímico del interior, como si la una fuese consecuencia de la otra. Siempre pasaremos de los labios a la boca, de la nariz a los pulmones, pero esta vez no nos limitaremos a mencionarlos como puntos de referencia o como relleno. Irónicamente, fue la sangre ajena la que paso a cubrir mi piel, como si en alguno de sus desperfectos característicos del último latido, sus agudos sentidos hubiesen podido percibir las múltiples heridas que exhibía mi cuerpo. Recuerdo haberme mirado de inmediato las manos para descubrir, por una vista nublada e igualmente afectada, que éstas habían recibido el primer golpe. Al principio no supe si limpiármelas sobre mis ojos o si frotarme éstos con las manos, pero nunca se me ocurrió, por ejemplo, usar mi ropa como trapo. Terminé usando mi antebrazo por cuestiones prácticas, pues la idea era ver más allá de la sangre que se me había puesto sobre mi cara. No deseo describir a nivel gráfico el desorden presenciado, pues basta decir que, estando la piel abierta, el interior tampoco se manifestaba de la forma en que le imaginamos. Inclusive este hacía espacio por no estorbar mi vista y hacer visible el trasfondo plástico de las paredes del tren. Pero para tales observaciones había realmente que forzar la vista hasta el punto de lagrimar, y encontraba la opción demasiado problemática. Como todo el mundo, pude observar mis reacciones sin tenerme tan siquiera presente frente a mis ojos. Lo más extraño de esta última observación era el que los demás tampoco me tuvieran frente a sus ojos, pero por esto no los puedo culpar. Ellos se tenían entre ellos, el uno frente al otro, y si ante el sonido alguno se encoge...Pero en esta observación lejana había un ancla que me sostenía como personaje dentro del campo visual, sin permitir que me fuera a la deriva. Yo no sabía cómo exlcuírme mediante la observación, y encuentro que es esto precisamente lo que me ha permitido camuflajearme en el relato de mi vida, hasta resultar indistinguible de los demás. A mí también me cuesta trabajo leer mis expresiones y postura, y cuando se trata de hacerlo antes que otro, suelo quedarme atrás. No creo que se trate de un don o que este defecto se reserve a mi persona. Lo mismo se observará en otros que muestren más interés en chismear sobre extraños que en tenerse a sí o a algún inmediato como tema de conversación. Pero yo no fundamento esta sospecha sobre observaciones propias. Son conjeturas que hago con el fin de concluir sus formulaciones invasivas, citándolos por no responderles. ¿No son ellos quienes más esfuerzo deben poner en tenerse como tema de conversación? Que sigan chismeando sobre extraños, hasta que yo me reconozca como alguno de ellos. Pero unírmeles sería tenerme a mí como extraño, y perdería todo derecho de llamarme por mi nombre. Las puertas del tren se abren, también salpicadas con algo de la sangre. Una herida abierta en el balcón por la cual los espectadores podremos salir. Pero el espectáculo sólo se puede observar en el interior, desde la tarima. Ya los oficiales estaban esperando en esta próxima parada para examinar el cuerpo, y yo me pregunté ingenuamente si el tren seguiría su movimiento a pesar del procedimiento, con ellos dos ofreciéndole un análisis postmortem sin interrumpir la trayectoria del vacío, el destino del vacío. Yo me quedé en el vagón pues no quería servirle de rabo a la muchedumbre, ya que me tocaría menearme. Por otro lado uno de los oficiales atendió cruelmente esa pregunta que creí haberme hecho a mis adentros, diciendo: "¿Qué esperas, que el tren reanude el vuelo?" O yo no me había dirigido a mis adentros al hablar, o le eran visibles éstos a él. O me traspasaba con su mirada para hablarse a sí mismo. A todo esto, el cuerpo se había deslizado al suelo con el baibén del tren, con tal de alinear sus ojos con los míos. "Nos vemos ahora, nos vemos...hasta la vista"- me despedí. "La última vez que te vi fue hace 4 pies de altura...lo que es el distanciamiento. Ahora no cuentas con seis pulgadas de altura, y sin embargo..todo el espacio horizontal que ocupas...De estar a la intemperie allá arriba, cumplirías la misma función que la de las colinas, acelerando el ocaso. Pero tu entierro se perdió en la profundidad, sin tan siquiera hinchar la tierra un poco sobre el nivel cero. Ni Dios sabe el propósito de estas excavaciones, canalizando nuestro paso acelerado hasta hacerlo cosa líquida, mientras nos tropezamos con sus talones. Yo salí del vagón finalmente, esperando que las puertas salpicadas se cerraran sobre mis narices, pero estas en vez esperaron convenientemente a que me encontrara afuera. Es decir, éstas aún habían cerrado (de todas formas de algo me tenían que excluir), lo que encontraba extraño ya que en la escena aún se encontraban los dos oficiales. Aquí había algo que andaba mal, pero tampoco quería dejar atrás a mis pies por allá adelante. Así que les di ojos más que alas, obedeciendo la linealidad ascendente. Sin embargo la ascensión no iba de la mano a la linealidad, y bien podía tratarse esto de un juego de "Snakes and Ladders"...y como dice el juego, la prioridad aquí son las serpientes. En ocasiones, hallándome en la medianera, tendría que subir medio piso para acceder las escaleras del mismo infierno. Pero al salir de ese mundo subterráneo, no fue la linealidad lo que me abandonó. De inmediato me recibió un tronco talado con varios de sus retollos, cumpliendo todos con la forma. Pero su rectitud había sido adecuada al ojo desnudo y no pretendía cruzar el punto de la invisibilidad. Su margen de "error" estaba realmente compuesto de texturas rugosas, que permitían mayor fricción y ofrecían mejor agarre visual. Yo sabía que, de intentar dibujarlo, no me quedaría atrás. En tanto a que más afilado y preciso el lápiz, más propenso es su carboncillo al desprendimiento y esparcimiento. Esta linealidad, sin embargo, me parecía liviana, pues no compartíamos pasillos como lo hicimos en el túnel. Inclusive la luz, en tales zonas, me parecía alcanzable a un nivel desilusionante. Su fuente, por mala planificación, no había sido ajustada a la altura humana, y apenas lograba yo apreciar la oscuridad que recogía sobre ella, como copos de nieve. En muchas ocasiones me la llevé con la cabeza. Pero en este caso el plano frecuentado por nuestros pies nos resultaba hasta inútil, como una medida de seguridad innecesaria. Precisamente porque nos era imposible caernos es que la encontraba vertiginosa, como si cualquier accidente o tropiezo nos fuese a castigar con esa superficie tan inmediata. Por un momento supuse que su verdadero propósito sería el de proveerle techo al túnel, pero esa impresión nunca fue seria. A partir de los retollos de ese árbol cortado, pasaba a líneas más lejanas, pero que, de no ser por la perspectiva o por el amplio espacio provisto, superarían la altura de los transeúntes. Aquí las estructuras eran verticales y se elevaban lo suficiente de uno acecharles. Lo que falta es que construya uno propio con el cual reafirmar mi postura...cualquiera que sea. ¿Qué tal si añado otro edificio? Tendría primero que adentrarme en la tierra de una forma algo distinta a la de los túneles. ¿Dónde... en el espacio inmediato que ocupo? ¿Cavar una madriguera...donde empollar? No soy conejo blanco, por más fácil que sea comprarme/perderme un abanico. ¿Cómo sabemos si tal hueco ha sido cavado como base para una estructura? Cómo ocupar ese espacio con el contenido de la cabeza sin sentirse ni avestruz, ni voyeurista? ¿Quién le puede meter suficiente entusiasmo al acoso de su idea, mediante semejante hueco? Tal vez la luz ocupe ese espacio primero. Tal vez se dirija en dirección contraria, con toda intención de lastimarme el ojo, mientras le observo. Pero por lo menos no saldrá sangre de estas entrañas-no cuentan con propia. El arquitecto se ha adentrado por el túnel incorrecto, Por más sombras que revelaran las lámparas, por más puertas y compuertas que se abrieran ante su camino, al final las mismas puertas se cerraron tras de mí. Le cavo un hueco que le sirva de trono. ¿Siendo yo el que cava el hueco, no sería justo permanecer ahí? Mientras que el muerto se recuesta, yo aún sufro de verticalidad.
sábado, 27 de junio de 2009
Azar
El azar jugó a la ruleta rusa y encontró sus balas. Éstas tenían su nombre grabado, no podiendo tener el de nadie más. El azar se aseguró de rematarse una quinta vez antes de pasarme el revólver. Pero ese espacio vacío no podía sostener mi nombre, no podía... ¡corresponderme! Entonces, ¿quién merecía morir esta tarde, aparte del azar? Cualquiera. Entre tanto, yo podía reclamar los muchos espacios recién provistos por el azar con su muerte.
Sonrisa
Yo sé cómo torcerle el brazo a una sonrisa. Sé como quedarme con sus dientes y enmarcarlos, sin que sean motivo de vergüenza para sus labios. La garganta tendrá que ahogarse en su orgullo, pero sin tragarse esa sonrisa. No habrá carcajada que sople la lengua o que barra esos dientes. Todo músculo tras esa sonrisa se detendrá en el fondo y, como paisaje contrastante, pasará a ser invisible. Es ahí donde podré retomar mi conversación con el gato "sheshire", todo sin clausurar esa sonrisa.
Llanto
La sangre confisca mis lagrimales. Ésta escasea y su repartición entre las heridas no puede ser proporcionada. La sangre atiborra mi cabeza, evita el corazón de un latido, y de mi cuerpo ha extirpado una herida mortal. Mis ojos cuagulan, el ADN se apodera de mi vista. El panorama se asienta en el fondo, en un espacio seco que mi sangre evade.
Globo
Dale cuerda a un globo y te costará altura, dale puya y te plastificará. Mientras más se eleva el Don Aire, determinado en una sola dirección, más te frena en su lucha con los vientos. Pero sabemos cómo soltar el hilo tras el anochecer. Si la bolita de lana se echa a rodar, el globo no encontrará su camino.
Ascenso
Ésta no es mi casa, pero por lo menos la es de otro. He seguido escalando el interior, huyendo de la salida. Hallé su marco ocupado por una figura humana, extendida, aunque no podía decir si me encaraba. Atrapado en el ático, el sol rellena los rotos y no hay espacio por donde el aire tenga cabida. Hay una atmósfera pesada allí arriba y sólo se me ocurre que una bombilla podrá solucionar el problema. La mía ya se gasta alumbrando tal idea. El sol ya tiene mucho en sus manos, haciendo de cada una un parcho con el cual alzar mi techo. Le ofrezco mi espalda a la luz, le privo de mis ojos, todo para poder ver mejor. Inclinándome (en saludo) ante el piso, recuerdo la salida a nivel de tierra.
Cumpleaños
Realmente no muchos llegan a cumplir con sesenta, cincuenta años, según (cuentan) mis ojos. Sus años los cuento de acuerdo a los míos, restando. Tan pronto los conozco los bajo a cero y les sumo mi edad. Así todos me superan en juventud, a pesar de que muchos mueran por ello. Aunque muchos cumplan por ello, yo cumplo por ellos la mayor sentencia. Pero en los ojos no reside la culpa. Hay mucho refugiado en los ojos como para dar cabida en los tuyos esa mirada de acusasión. Permíteme ahora que los míos la internalizen.
El azar jugó a la ruleta rusa y encontró sus balas. Éstas tenían su nombre grabado, no podiendo tener el de nadie más. El azar se aseguró de rematarse una quinta vez antes de pasarme el revólver. Pero ese espacio vacío no podía sostener mi nombre, no podía... ¡corresponderme! Entonces, ¿quién merecía morir esta tarde, aparte del azar? Cualquiera. Entre tanto, yo podía reclamar los muchos espacios recién provistos por el azar con su muerte.
Sonrisa
Yo sé cómo torcerle el brazo a una sonrisa. Sé como quedarme con sus dientes y enmarcarlos, sin que sean motivo de vergüenza para sus labios. La garganta tendrá que ahogarse en su orgullo, pero sin tragarse esa sonrisa. No habrá carcajada que sople la lengua o que barra esos dientes. Todo músculo tras esa sonrisa se detendrá en el fondo y, como paisaje contrastante, pasará a ser invisible. Es ahí donde podré retomar mi conversación con el gato "sheshire", todo sin clausurar esa sonrisa.
Llanto
La sangre confisca mis lagrimales. Ésta escasea y su repartición entre las heridas no puede ser proporcionada. La sangre atiborra mi cabeza, evita el corazón de un latido, y de mi cuerpo ha extirpado una herida mortal. Mis ojos cuagulan, el ADN se apodera de mi vista. El panorama se asienta en el fondo, en un espacio seco que mi sangre evade.
Globo
Dale cuerda a un globo y te costará altura, dale puya y te plastificará. Mientras más se eleva el Don Aire, determinado en una sola dirección, más te frena en su lucha con los vientos. Pero sabemos cómo soltar el hilo tras el anochecer. Si la bolita de lana se echa a rodar, el globo no encontrará su camino.
Ascenso
Ésta no es mi casa, pero por lo menos la es de otro. He seguido escalando el interior, huyendo de la salida. Hallé su marco ocupado por una figura humana, extendida, aunque no podía decir si me encaraba. Atrapado en el ático, el sol rellena los rotos y no hay espacio por donde el aire tenga cabida. Hay una atmósfera pesada allí arriba y sólo se me ocurre que una bombilla podrá solucionar el problema. La mía ya se gasta alumbrando tal idea. El sol ya tiene mucho en sus manos, haciendo de cada una un parcho con el cual alzar mi techo. Le ofrezco mi espalda a la luz, le privo de mis ojos, todo para poder ver mejor. Inclinándome (en saludo) ante el piso, recuerdo la salida a nivel de tierra.
Cumpleaños
Realmente no muchos llegan a cumplir con sesenta, cincuenta años, según (cuentan) mis ojos. Sus años los cuento de acuerdo a los míos, restando. Tan pronto los conozco los bajo a cero y les sumo mi edad. Así todos me superan en juventud, a pesar de que muchos mueran por ello. Aunque muchos cumplan por ello, yo cumplo por ellos la mayor sentencia. Pero en los ojos no reside la culpa. Hay mucho refugiado en los ojos como para dar cabida en los tuyos esa mirada de acusasión. Permíteme ahora que los míos la internalizen.
domingo, 14 de junio de 2009
La camisa lee "sé optimista"
La camisa lee "sé optimista"...
Pero para esto su portador nos ofrece su espalda. Camina en retirada y el mensaje se hace evidente. Mientras más sude éste, más llano el mensaje. Inclinando su cuello lo eleva a altura de nuestros ojos, extendiendo sus miembros lo encuadra en nuestra vista. "Sé optimista", nos dice el mensaje, carente de emisor, cobijado por su receptor. Monstruosa independencia la de las palabras, que tanto comprometen a sus portadores. Tremenda carga la de esas espaldas. Pero la camisa aún ciega, ya sabe leer en nosotros un "se optimista" y responde a su nombre cuando le llaman, tal y como le hemos enseñado. Lo escribió en sus espaldas, lo ha escrito en nuestra frente. Ya no hay que abrir la boca ni prestar oído cuando la correspondencia se da entre ellas. No hay ceño que lo arrugue, no hay ojo que le roce.
No hay espejo que valga más que la espalda de un Otro. Nuestro reflejo nos es devuelto sin cuentos viejos, sin ser opuesto. Es su espalda el único recurso con el cual logra conmovernos a encararlo, pero esto a costa de negarle a su rostro su respectivo espejo. Él de por sí ha renunciado a nuestra postura, y por hacer evidente el mensaje por tiempo tan breve, se aleja y se achica, se encoge en defensa. Ya no es necesario beber agua del estanque para enfrentar a Narciso. Ya su imagen no comparte un espacio con el elixir de la vida. Se esparce tranquilamente sobre el sudor tenso.
No tiene cara, no nos fue opuesto. No era distinto, sino ajeno. Su espina desemboca inevitablemente en una cabeza, pero eso sólo lo podemos suponer. De la misma forma podríamos suponer que continúa más allá de la boca y que es por al frente que conecta de forma directa con el suelo que enfrenta, sirviéndole de bastón. Ambas, suposiciones, ambas ocultas tras el mensaje bidimensional de "sé optimista"
Sé optimista por este ser, falto de la "R" final. Este ser mal escrito, producto de la vagancia ajena. Aprovecha la circunstancia que te permite darte por aludido. Ya el mensaje ha perdido su intimidad y se ha publicado sobre su espalda mientras dormía, en son de burla. Tan pronto reclute las primeras patadas de la audiencia podrá llamarse hermano de "patéame". Pero yo, yo tengo el mensaje escrito en la frente, y lo peor es que también ha sido escrito a mis espaldas. Yo he recurrido a viejos espejos y conozco el mensaje, que por alguna razón no me venda los ojos por completo cuando es ahí donde primero quedó grabado. Pero mi reacción fue la misma, creyéndome uno de ellos, y de inmediato pude tropezarme con toda serie de obstáculos. Obstáculos buscados que lograba identificar antes de arrojarme sobre ellos. La verdad es que no pude ser deslumbrado, y no me considero único de mi especie. "Sé optimista" ha envenenado sus palabras y mi lenguaje, cortando nuestra comunicación.
_ené
Pero para esto su portador nos ofrece su espalda. Camina en retirada y el mensaje se hace evidente. Mientras más sude éste, más llano el mensaje. Inclinando su cuello lo eleva a altura de nuestros ojos, extendiendo sus miembros lo encuadra en nuestra vista. "Sé optimista", nos dice el mensaje, carente de emisor, cobijado por su receptor. Monstruosa independencia la de las palabras, que tanto comprometen a sus portadores. Tremenda carga la de esas espaldas. Pero la camisa aún ciega, ya sabe leer en nosotros un "se optimista" y responde a su nombre cuando le llaman, tal y como le hemos enseñado. Lo escribió en sus espaldas, lo ha escrito en nuestra frente. Ya no hay que abrir la boca ni prestar oído cuando la correspondencia se da entre ellas. No hay ceño que lo arrugue, no hay ojo que le roce.
No hay espejo que valga más que la espalda de un Otro. Nuestro reflejo nos es devuelto sin cuentos viejos, sin ser opuesto. Es su espalda el único recurso con el cual logra conmovernos a encararlo, pero esto a costa de negarle a su rostro su respectivo espejo. Él de por sí ha renunciado a nuestra postura, y por hacer evidente el mensaje por tiempo tan breve, se aleja y se achica, se encoge en defensa. Ya no es necesario beber agua del estanque para enfrentar a Narciso. Ya su imagen no comparte un espacio con el elixir de la vida. Se esparce tranquilamente sobre el sudor tenso.
No tiene cara, no nos fue opuesto. No era distinto, sino ajeno. Su espina desemboca inevitablemente en una cabeza, pero eso sólo lo podemos suponer. De la misma forma podríamos suponer que continúa más allá de la boca y que es por al frente que conecta de forma directa con el suelo que enfrenta, sirviéndole de bastón. Ambas, suposiciones, ambas ocultas tras el mensaje bidimensional de "sé optimista"
Sé optimista por este ser, falto de la "R" final. Este ser mal escrito, producto de la vagancia ajena. Aprovecha la circunstancia que te permite darte por aludido. Ya el mensaje ha perdido su intimidad y se ha publicado sobre su espalda mientras dormía, en son de burla. Tan pronto reclute las primeras patadas de la audiencia podrá llamarse hermano de "patéame". Pero yo, yo tengo el mensaje escrito en la frente, y lo peor es que también ha sido escrito a mis espaldas. Yo he recurrido a viejos espejos y conozco el mensaje, que por alguna razón no me venda los ojos por completo cuando es ahí donde primero quedó grabado. Pero mi reacción fue la misma, creyéndome uno de ellos, y de inmediato pude tropezarme con toda serie de obstáculos. Obstáculos buscados que lograba identificar antes de arrojarme sobre ellos. La verdad es que no pude ser deslumbrado, y no me considero único de mi especie. "Sé optimista" ha envenenado sus palabras y mi lenguaje, cortando nuestra comunicación.
_ené
sábado, 23 de mayo de 2009
La política de evacuar
-Esto es un ensayo político que sentí la urgencia de escribir...espero que les guste, y que no lo encuentren mongo, jaja. Es increíble que a medida que lo escribía, seguía enterándome de más atrocidades. De haberlas incluído todas, no lo hubiera podido concluír. Aún así la idea es aludir al ambiente general en el cual se encuentra el país. Espero que les guste, aunque todos podemos estar de acuerdo con que no se acerca a El sacrificio del arte.
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Durante esta crisis económica los políticos puertorriqueños se han visto obligados a tomar decisiones "de vida o muerte". Lógicamente, esto los ha llevado a la sustitución de su juego político-teatral por la política más seria del "sálvese quien pueda" orientada por una metáfora espacial consistente en abrir lugar. ¿Cómo se hace? Despidiendo personal gubernamental e incentivando la fuga del país. Más seriedad ni podemos, ni debemos exigirle a los políticos. Exigirles un nivel de complejidad humana como el que promete la sobriedad podría llevarlos a exponer de forma demasiado franca su sacrificio del pueblo. Por eso la falta de seriedad de un político no es tan preocupante como lo es el exceso de drama y pompa. Esta situación económica, que ensobria a cualquiera, logra un efecto inverso en los políticos, adentrándolos más en su delirio de grandeza, haciendo cada vez más evidente su snobismo (sine nobilitate), es decir, su falta de nobleza civil. Éstos han reanudado los rituales de sacrificio humano ante los dioses de la economía, y el reciente es el despido de unos 30,000 empleados gubernamentales.
Pero el político también ha tenido que reorganizar sus prioridades personales y muchos ya se están privando de las necesidades básicas, antes de considerar el abandono del tocino y el capricho. Recién instalado como gobernador, Fortuño se encargó de cerrar las puertas de la Fortaleza al lujo, despidiendo a un pianista que contaba con un presupuesto de $40,000. Pero al negarle esta suma no tan sólo despidió al pianista, quien resulta que funcionaba como administrador de ese dinero, con el cual contrataba a otros músicos en los actos públicos de Fortaleza. Ahora será un radio lo que se encarge de atrapar todos esos sonidos y traducirlos a un lenguaje maquinal, indirecto y suavizado, más comprensible para el sensible oído político.
Sin embargo, la puerta trasera de la Fortaleza fue abierta para satisfacer el trasero del lujo, pues se contrata a un chef internacional "muy recomendado", con un salario individual de $60,000. Como local, el pianista resultababa invisible a esos ojos que siempre se nublan ante el horizonte y el "más allá". Este gobernador que no confía en la opinión propia cuando se trata de saborear su comida, despide sobreconfiadamente por delante y por detrás, pero sobre todo, por detrás. Luego reclama que ha hecho un gran sacrificio personal con el abandono de la música cuando realmente él se ha deshecho de un estorbo cultural secretamente odiado por cierta clase alta del país. Fortuño está entre esos que se han encontrado, de súbito, libres del simulacro formal de la cultura, y se ha comprometido a un nivel personal y para nada político con destruir la cultura del país. Sólo cuatro meses después del despido del pianista y tras un asalto absoluto al presupuesto de todas las instituciones culturales y educacionales del país (entre las cuales se encuentran la Escuela de Artes Plásticas: -71%; el Conservatorio de Música: -75%; el Instituto de Cultura Puertorriqueña: -65%; la Corporación de Artes Musicales: -88%; el Centro de Bellas Artes LAF: -66%; Conservación Histórica: -55%; el Consejo de Educación Superior: -67%; y la Procuradora de la Mujer: 71%) fue que Luis Fortuño consideró retirarle los celulares y el tocino al cuerpo legislativo.
Pero estos políticos puertorriqueños no repudian por completo el arte. Estos políticos creen en el arte culinaria y tienen la intención de ser partícipes directos en su mejora, y es la evacuación su movimiento artístico preferido. Fue más para evacuar con estilo que para comer con estilo, pues ¿cuán lejos puede llegar la calidad de la comida después de pagar precios elevados? Es tal la intensidad con la cual la política engulle el arte que sus vísceras pueden más que sus manos. Tal es la intimidad entre el ejecutor (verdugo) y su obra.
Así que la estrategia nunca abandona a estos "pensadores políticos" de la isla cuando se trata del ahorro, siendo la última de sus medidas la de distribuirse entre ellos carros híbridos que les ahorrarán combustible personal gastando $70,000 del pueblo por cada cabeza (o descabezado) del cuerpo legislativo. Pero esto es un intento de amortiguar u ocultar la contaminación librada por ellos, más que de suspender las emisiones tóxicas. En fin, que la metáfora espacial de este neoliberalismo trasnochado es evacuar, para abrir espacio. ¿Espacio para qué?
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Durante esta crisis económica los políticos puertorriqueños se han visto obligados a tomar decisiones "de vida o muerte". Lógicamente, esto los ha llevado a la sustitución de su juego político-teatral por la política más seria del "sálvese quien pueda" orientada por una metáfora espacial consistente en abrir lugar. ¿Cómo se hace? Despidiendo personal gubernamental e incentivando la fuga del país. Más seriedad ni podemos, ni debemos exigirle a los políticos. Exigirles un nivel de complejidad humana como el que promete la sobriedad podría llevarlos a exponer de forma demasiado franca su sacrificio del pueblo. Por eso la falta de seriedad de un político no es tan preocupante como lo es el exceso de drama y pompa. Esta situación económica, que ensobria a cualquiera, logra un efecto inverso en los políticos, adentrándolos más en su delirio de grandeza, haciendo cada vez más evidente su snobismo (sine nobilitate), es decir, su falta de nobleza civil. Éstos han reanudado los rituales de sacrificio humano ante los dioses de la economía, y el reciente es el despido de unos 30,000 empleados gubernamentales.
Pero el político también ha tenido que reorganizar sus prioridades personales y muchos ya se están privando de las necesidades básicas, antes de considerar el abandono del tocino y el capricho. Recién instalado como gobernador, Fortuño se encargó de cerrar las puertas de la Fortaleza al lujo, despidiendo a un pianista que contaba con un presupuesto de $40,000. Pero al negarle esta suma no tan sólo despidió al pianista, quien resulta que funcionaba como administrador de ese dinero, con el cual contrataba a otros músicos en los actos públicos de Fortaleza. Ahora será un radio lo que se encarge de atrapar todos esos sonidos y traducirlos a un lenguaje maquinal, indirecto y suavizado, más comprensible para el sensible oído político.
Sin embargo, la puerta trasera de la Fortaleza fue abierta para satisfacer el trasero del lujo, pues se contrata a un chef internacional "muy recomendado", con un salario individual de $60,000. Como local, el pianista resultababa invisible a esos ojos que siempre se nublan ante el horizonte y el "más allá". Este gobernador que no confía en la opinión propia cuando se trata de saborear su comida, despide sobreconfiadamente por delante y por detrás, pero sobre todo, por detrás. Luego reclama que ha hecho un gran sacrificio personal con el abandono de la música cuando realmente él se ha deshecho de un estorbo cultural secretamente odiado por cierta clase alta del país. Fortuño está entre esos que se han encontrado, de súbito, libres del simulacro formal de la cultura, y se ha comprometido a un nivel personal y para nada político con destruir la cultura del país. Sólo cuatro meses después del despido del pianista y tras un asalto absoluto al presupuesto de todas las instituciones culturales y educacionales del país (entre las cuales se encuentran la Escuela de Artes Plásticas: -71%; el Conservatorio de Música: -75%; el Instituto de Cultura Puertorriqueña: -65%; la Corporación de Artes Musicales: -88%; el Centro de Bellas Artes LAF: -66%; Conservación Histórica: -55%; el Consejo de Educación Superior: -67%; y la Procuradora de la Mujer: 71%) fue que Luis Fortuño consideró retirarle los celulares y el tocino al cuerpo legislativo.
Pero estos políticos puertorriqueños no repudian por completo el arte. Estos políticos creen en el arte culinaria y tienen la intención de ser partícipes directos en su mejora, y es la evacuación su movimiento artístico preferido. Fue más para evacuar con estilo que para comer con estilo, pues ¿cuán lejos puede llegar la calidad de la comida después de pagar precios elevados? Es tal la intensidad con la cual la política engulle el arte que sus vísceras pueden más que sus manos. Tal es la intimidad entre el ejecutor (verdugo) y su obra.
Así que la estrategia nunca abandona a estos "pensadores políticos" de la isla cuando se trata del ahorro, siendo la última de sus medidas la de distribuirse entre ellos carros híbridos que les ahorrarán combustible personal gastando $70,000 del pueblo por cada cabeza (o descabezado) del cuerpo legislativo. Pero esto es un intento de amortiguar u ocultar la contaminación librada por ellos, más que de suspender las emisiones tóxicas. En fin, que la metáfora espacial de este neoliberalismo trasnochado es evacuar, para abrir espacio. ¿Espacio para qué?
sábado, 18 de abril de 2009
Sin título
Retolla la muerte y levita en milagro. Bajo la actitud de amotinamiento, llamados a la acción, nos arrodillamos ante ella. Lo lógico tras eso, con tal de seguir en movimiento, sería hacer de nuestras manos patas. Sin poder retornar a nuestro primer par de pies (temiendo la contradicción), convocamos otro par a nuestro servicio. Así en la complesión del tercer paso los fuertes se tornan boca-abajo, diciéndole al resto "arrástrate sobre tu vientre!"
Eso último es una cita del libro de Génesis, cuando Dios condena a la serpiente a arrastrarse sobre su vientre. Me gustaría acompañar esto de un dibujo.
Eso último es una cita del libro de Génesis, cuando Dios condena a la serpiente a arrastrarse sobre su vientre. Me gustaría acompañar esto de un dibujo.
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