Retolla la muerte y levita en milagro. Bajo la actitud de amotinamiento, llamados a la acción, nos arrodillamos ante ella. Lo lógico tras eso, con tal de seguir en movimiento, sería hacer de nuestras manos patas. Sin poder retornar a nuestro primer par de pies (temiendo la contradicción), convocamos otro par a nuestro servicio. Así en la complesión del tercer paso los fuertes se tornan boca-abajo, diciéndole al resto "arrástrate sobre tu vientre!"
Eso último es una cita del libro de Génesis, cuando Dios condena a la serpiente a arrastrarse sobre su vientre. Me gustaría acompañar esto de un dibujo.
sábado, 18 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario