domingo, 14 de junio de 2009

La camisa lee "sé optimista"

La camisa lee "sé optimista"...

Pero para esto su portador nos ofrece su espalda. Camina en retirada y el mensaje se hace evidente. Mientras más sude éste, más llano el mensaje. Inclinando su cuello lo eleva a altura de nuestros ojos, extendiendo sus miembros lo encuadra en nuestra vista. "Sé optimista", nos dice el mensaje, carente de emisor, cobijado por su receptor. Monstruosa independencia la de las palabras, que tanto comprometen a sus portadores. Tremenda carga la de esas espaldas. Pero la camisa aún ciega, ya sabe leer en nosotros un "se optimista" y responde a su nombre cuando le llaman, tal y como le hemos enseñado. Lo escribió en sus espaldas, lo ha escrito en nuestra frente. Ya no hay que abrir la boca ni prestar oído cuando la correspondencia se da entre ellas. No hay ceño que lo arrugue, no hay ojo que le roce.

No hay espejo que valga más que la espalda de un Otro. Nuestro reflejo nos es devuelto sin cuentos viejos, sin ser opuesto. Es su espalda el único recurso con el cual logra conmovernos a encararlo, pero esto a costa de negarle a su rostro su respectivo espejo. Él de por sí ha renunciado a nuestra postura, y por hacer evidente el mensaje por tiempo tan breve, se aleja y se achica, se encoge en defensa. Ya no es necesario beber agua del estanque para enfrentar a Narciso. Ya su imagen no comparte un espacio con el elixir de la vida. Se esparce tranquilamente sobre el sudor tenso.

No tiene cara, no nos fue opuesto. No era distinto, sino ajeno. Su espina desemboca inevitablemente en una cabeza, pero eso sólo lo podemos suponer. De la misma forma podríamos suponer que continúa más allá de la boca y que es por al frente que conecta de forma directa con el suelo que enfrenta, sirviéndole de bastón. Ambas, suposiciones, ambas ocultas tras el mensaje bidimensional de "sé optimista"

Sé optimista por este ser, falto de la "R" final. Este ser mal escrito, producto de la vagancia ajena. Aprovecha la circunstancia que te permite darte por aludido. Ya el mensaje ha perdido su intimidad y se ha publicado sobre su espalda mientras dormía, en son de burla. Tan pronto reclute las primeras patadas de la audiencia podrá llamarse hermano de "patéame". Pero yo, yo tengo el mensaje escrito en la frente, y lo peor es que también ha sido escrito a mis espaldas. Yo he recurrido a viejos espejos y conozco el mensaje, que por alguna razón no me venda los ojos por completo cuando es ahí donde primero quedó grabado. Pero mi reacción fue la misma, creyéndome uno de ellos, y de inmediato pude tropezarme con toda serie de obstáculos. Obstáculos buscados que lograba identificar antes de arrojarme sobre ellos. La verdad es que no pude ser deslumbrado, y no me considero único de mi especie. "Sé optimista" ha envenenado sus palabras y mi lenguaje, cortando nuestra comunicación.
_ené

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