viernes, 4 de enero de 2013

domingo, 5 de agosto de 2012

Vidalia

Cebolla Vidalia Despierto en la oscuridad, ignorando si se trata del final o de un comienzo. El estómago me devuelve a la vida para que le exija al día 27 su último aliento. Mientras la oscuridad me cobija, da la media noche y presencio un nacimiento. Pero el 28 me impide participar de su sueño, condenándome al insomnio por devorar a su ancestro. En la búsqueda de sobras, me asomo a mi vieja computadora, desenterrando huesos, monumentos. La pantalla descongela suficientes datos y fechas como para generar luz propia, superando al Julio prematuro con fantasmas y reflejos. De entre todos se destacó el vigésimo-octavo, de la estirpe de Febrero, quien por su particular brillo, me hizo leer un texto: A Vidalia nadie la vio nacer. Se le asignó una fecha de expiración sin pensar en la de nacimiento. Pero, ignorando su final, despertó en la oscuridad un comienzo. La fecha de caducidad dada por supermercados Econo se anuló, por tratarse de falso testimonio. Vidalia crecía mientras sus hermanas morían en manos cubiertas de llanto. Se les prometió tierra y a la tierra volvieron, mientras Vidalia echaba raíces y se aferraba a lo adverso. El frio y el aire le sirvieron de suelo, la envoltura y el foam, de tiesto. Se bañó de verde porque la arropaba el negro. Para evadir al ojo que la sumió en el luto, conservó el velo. Por 4 meses creció en un paisaje digerible, entre la espinaca marchita y el queso griego. El 28 de febrero recibí una llamada de mi abuela solicitando el rescate de Vidalia. La enjuagamos con luz para devorarla de un vistazo y en éxtasis, apodarla Milagro. La archivamos tras nuestros ojos y construí un monumento en su honor que titulé Milagro. Muerto el día, nos olvidamos de ella. En un parcho iluminado de tierra murió, sumida en la oscuridad pero sin la compañía de esta. Ahora demuelo el monumento con el cual coarté su crecimiento congelándola en el tiempo. Deshago hoy el milagro, esparzo sus pedazos por la tierra de este texto, contando con que del mismo brote vida.

martes, 25 de octubre de 2011

Villano II (El glotón)

Esto es un texto rebozante de temas conflictivos y atrevidos QuE MuChOs No Se AtReVeN a ExPlOrAwR. Viewer discretion is advised...o no, jaja.
Esto es un borrador, sujeto a cambios.

Si la falta de imaginación me proveyera mejores medios que los que provee su exceso, con gusto recibiría esa falta, con tal de despedir el caos que a mi puerta toca. Odiosa incertidumbre producto de mi imaginación, maldita sea la abundancia que hace de la tierra algo estéril, secando el terreno en una sobreproducción de frutos que jamás seran probados, sino por las moscas y la podredumbre. Pero la desconfianza me ha provisto consejeros que hasta ahora no había cuestionado. Viles consejeros que hacen de mi futuro un laberinto intransitable. Preferiría que un río me estrellase contra sus caudales, antes de yacer en este mar llano, tan falto de prejuicios. Y en la extensión interminable de esta observación consumo las últimas gotas de voluntad con las cuales me han lanzado en este desierto. Las palabras parecen apoderarse de mi lengua con tal de proveerle empleo a su parasitaria casta, hasta el punto de imposibilitar mi escape y promover discordia en mi especie. No sé cuántas palabras continúan bajo mi servicio, ni si estos emisarios harán sonar este mensajes en lugares inversos al exterior, más allá de los que la audiencia ocupa. De la poca confianza que aún poseo, le entrego la mitad a ellos, habiéndole entregado la mitad restante a Dios, con tal de poder bendecirlos con un "vayan con Dios". Que extraño placer produce la pronunciación de mi sentencia, qué extraño que bautize a mi verdugo con la últimas palabra...Me golpeo con la comida en la cual más tarde husmearé consuelo. Demoro su consumo lo suficiente, con las pausas que empleo, con tal de preservar la dignidad...y antes de insertarlas en mi boca éstas se adentrarán en un avanzado estado de descomposición que, por mejor que las vomite, resultará fatal para mi, el glotón.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Boleto al cielo

Boleto al cielo
Tengo entendido que el cielo busca hacer espacio pese a su exclusividad, y que su edificación continúa mientras muchos buscan hacerse espacio en él. Su entrada depende de cuán bien se abran cabida en un contexto tan transparente y falto de precedentes. Por mejores que sean tus intenciones, tan pronto consideras la idea de abrirte espacio estás dimencionando una porción del mismo que pretendes reservar para tu uso, poniendo mediante la separación de esa primera parcela un límite de cupo. La inclusión se logra mediante la separación de un área para sí, y con la garantía de que la misma no será usurpada. Fundamenta tu estadía con una loza de hormigón y arrojarás sombras sobre el prójimo, privándole del sol. De sembrar hormigón, el otro funcionará como gravilla estabilizadora. Pisotearás la loza y, reafirmando tu presencia, estarás pisando también a quienes la sujetan, atentando con tu desincronizada pisada contra su armonía y balance. De eregir paredes, desviarás la mirada con lo inclusión de alturas, y de emplear columnas el sol incidirá sobre lo etéreo con proyecciones fragmentadas, mientras la masa absorbe la luz hasta hacer de ella sombra. De colmar la copa con un techo, la sobrelaboración se vendrá abajo sobre la única otra superficie disponible capaz de sujetar su ruina: tú. Porque es lógico que, en el momento del desplome, todo techo continúe ejerciendo su peso sobre la base que desde el principio le sostuvo, siendo pocas las que continúan su caída por las profundidades de la tierra, tras romper la bóveda de alguna gruta que albergó al vacío. De camino al cielo todos perdemos nuestro boleto.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Villano y mensajero

Villano y mensajero
No sé cuánto podrá tardar mi mensajero. El destino le es tan próximo que no sabemos nada de las tierras en las cuales podría adentrarse. Aún no sé si ha captado el mensaje que le entregué, estando su cara carente de respuesta. Solo sé que su respuesta fue tardía, y algo ilegible. Como el que intenta reaccionar al augurio que le presentan las primeras palabras de un mensaje mientras intenta traducir el resto. Tal vez ese asentimiento que eventualmente me hizo llegar no es sino la distracción que le permitió demorar la digestión del contenido. Parece que el peso del contenido lo dejó algo falto de aliento. A buen entendedor, pocas palabras. De muy buen entendedor, aún menos. Rechazó mi atrecho y optó por el camino largo...pero si de algo estoy seguro, es que no hay vuelta atrás. El mensaje ya ha emprendido vuelo dentro de su circuito, y aunque lo arrastre por la extensión de su cuerpo, no le restará momentum. Pero la fricción prolongada incendiará su suelo y la ceniza de su cuerpo lo hará toser, por más que evite cantar. De ser una selva espesa lo que convoque ante el mensaje, solo le estará echando leña al fuego, y de presentar luego un pantano, solo hará bullir el agua...y es ahí cuando empezará a cocinar el caldo. Sólo faltará condimentarlo con pimienta, y es ahí cuando la piedra que opera de base le servirá de pólvora, y será su inicial dureza el principal catalizador. ¡De desear agregar sal, no tendrá más que tornar la cabeza y contemplar la ruina! Porque su mundo es redondo observado de lejos, y por más accidentado que haga su terreno, solo él lo conocerá lo suficiente como para tropezarse con la misma piedra en la fabricación de más detalle, y por más paisajes que agregue, ira cerrando el circuito, hasta completar la colección que exhibe nuestro globo. Todo círculo, para terminar, reclama su origen. Este perro no hace más que perseguir su rabo, y lo más que podrá cambiar con su demora será su estado o forma. Y si se torna en serpiente mientras muerde su rabo, tanto mejor. Nada de esto quebrantará su naturaleza de mensajero, y como es el caso de todo mensajero que finaliza una larga travesía, solo tendrá que abrir la boca para poder descansar...y hacer mi mensaje llegar.

martes, 20 de septiembre de 2011

Cuerpos

Cuerpos
Desviamos incansablemente una espesa gama de atentados sin conocer tan siquiera el veredicto omitido sobre lo culpable. No hay medallas de valor que asignar en este campo, y los premios progresivamente abultan la conciencia, al no tener otro espacio. Sabemos que presidimos una totalidad que la vista no puede abarcar, formando parte de ella. De la célula cobrar visibilidad, lo hace fuera del tejido, buscando su sentencia bajo un escrutinio extrahumano. Siendo indivisible el ojo en su función, solo puede enfocar, no descomponer. Las señalaciones de específicos solo se pueden dar de forma acusatoria, por medios ajenos a la vista. Pero si se asemejan a algo en su ceguera, no es a la Justicia.

Redactamos órdenes sin encabezamiento ni destinatario, distribuídas por el viento, y disponemos de portavoces que reportan para sus adentros. Cada dato se archiva en anaqueles inentrañables, firmados por representantes que acuñan el pulso de mil ancestros. Un diseño impulsado ha ya milenios le abre lugar a un vasto complejo, eregido sin firmas ni sellos, según dictado por lo intraducible. Sin registros demográficos manejamos lo innumerable y en predecible harmonía cada integrante ocupa su puesto. Sin registrar muertos o enfermos, suprimimos toda pandemia y de sobrepoblar el casco, consumimos el exceso. Poco sabemos de los impuestos que dicho reinado exige, aunque cada partícipe, por su anonimidad, tiene un precio a pagar, teniendo el precio sobre su cabeza, todo lo que se destaque.

El rol de la voluntad en los mecanismos descritos no encaja, solo tras reconocer que esos asedios los encabeza el mismo gen que nos encausa. Finalmente el yo se vuelve en su contra, tornándose irrastreable; se encamina en reverso con tal de borrar las huellas. Su paso se vuelve lento pues en caminar ya no consiste su empresa, encaminándose en vez por un sendero más incierto. Se torna el paso trastabilloso mientras más nos volteamos a admirar la distancia cubierta, que también, por ser distante, reclama la vista hasta enceguecernos. Trastornando la superficie con sus crecientes tropezones, cava un hueco que su vista omite en la búsqueda de perseguidores.

sábado, 13 de agosto de 2011

Once de agosto

René Duchesne Sotomayor
Once de agosto
Este pasado 22 de julio unas hormigas invadieron mi cereal en números intuíbles tan solo por la pequeña hilera que formaban sobre la caja. Por no alcanzar una cifra que representara la totalidad, me contenté con la palabra "innumerables" para resumir sus huestes, descartando la caja dentro del congelador apresuradamente. Pasaron las horas sin que sus filas cruzaran mi mente. Fue en la noche que me dieron alcance, tras adentrar sus patas en un estado de parálisis. Sacudí la caja y escuché un estremecimiento distinguible por acompañar al del cereal. Contuve las hojuelas mientras me servía otro producto sin cambiar de caja. Las había reducido a materia de tan solo descontextualizarlas, arrojándolas dentro de un acondicionador cuya especialidad es el aire. Esta pérdida de vida fue resaltada mediante la alteración de sus formas. El frío ató sus patas encorvándoles las espaldas y clausuró las bocas con el entierro de sus pinzas. Era su recién adquerida uniformidad lo que hacía más registrable su cantidad. Era tras la inmovilidad que los números surgían, reclamando esas huestes que perdían terreno en las materias del peso y la presencia. Números que ocupaban carcasas para tener donde resonar.

Cayendo ya en la repetición y poco antes de terminar la cuenta, una cifra estiró la pata, abriéndole espacio al paso de una hormiga. Sabiendo que mil agentes invisibles podían influír sobre lo apenas visible, me hice de la vista larga y continué el conteo, empleando la hilera (de hormigas) como camino. Borrón y cuenta nueva, reanudo el paso con números distintos tras desviar mi vista por una segunda hormiga que creí haber dejado atrás. Esta pluralidad distinta me hizo perder rastro del tiempo mientras ocupaba mi vista en la formación de caminos que, a pesar de acortarse, no me servían de atrecho. El conteo regresivo solo me pudo conducir a un cambio de palabras, pues la reanudación de su paso agujereó mi camino, reduciéndolo a saltos con el rompimiento de filas. Pronto mi vista emprendió vuelo interceptando caminos superpuestos que me daban nuevo suelo. Mi vista, en fin, se elevó, retomando un horizonte que se encontraba a una altura distinta a la de las hormigas. Pero no fue fácil ignorarlas una vez perdidas de vista, y no exigí la devolución del pésame que cogieron prestado. Tan sobrehumana era la capacidad de carga de estos animales, que aún lo sostenían con las pinzas. Seguramente lo habrán hecho caber en las entrañas de la tierra hasta depositarlo en el nido, donde les servirá por algún tiempo como fuente de energía. O tal vez permanezca intacto en la reserva como un último recurso, una provisión innombrable que bien podría ser veneno.

Hoy 11 de agosto, retomo el relato y lo torno cuento. Los días entremedio también innumerables, se me escapan a paso de hormiga, aunque no me gustaría pensar que exeden la cantidad de hormigas observadas aquel día. Aprovecho la distancia que me impidió sentir sus vidas para concederles el beneficio de la duda, y así como aquel día las di por muertas, ahora en contraste, las doy por vivas.

domingo, 17 de julio de 2011

Rectilíneo

-dedicado a ese curioso parque tan próximo a mi casa.

En la señalación acusatoria toda línea se desvía. Absorta en una meta extraña a toda tierra y ajena a geografías omite las irregularidades que a pasos empuja. . En desuso cayó la vista por recostar los ojos sobre el horizonte, encargándole a los pies una tarea que no les toca por serle inversa al tacto, induciéndolos en la ceguera sin haberles dado vista. Y en ese idioma lanzamos líneas rectas que correspondan a ese horizonte...cuya esbeltez extirpamos de la distancia en la cual lo situamos. Líneas rectas que le competen por la perpendicularidad que entre ambas entablan. Extraña al contorno en el cual, a veces, se sepulta y en otras, sobrevuela. Penetra rocas sin desplezar su materia y se adentra en montañas sin formar parte de ellas, al igual que dispone del cómodo descenso que despliega el valle ante el pie del viajero. Sólo unas veces fluctuará paralela a la tierra, incorporando los puntos que el rocío ocupaba sobre la grama. De esa vasta superficie que en pliegues propios se aposenta, solo a unos puntos interpela lo rectilíneo y descarrilado, descociendo por los mismos al panorama del cual los expolia. Pero la línea concentró su bagaje en las dimensiones de su huella, imprimiendo la misma en intervalos muy prolongados que las hacía islas entre fluídos, obstáculos entre senderos. Pero las aguas también dictan sus cauces sobre los cristales tras los cuales miramos. Encapsulando en su camino al punto mediante el cual escogió manifestarse tal línea, atrecharon por tu carne en la búsqueda de la Tierra.

miércoles, 13 de julio de 2011

Es una idea

Es una idea

En persistente restricción las palabras merodean, en constante retirada sus números se engrosan. Las acciones que les invitan a interpelarnos contrarian sus designios. Es por la noche, cuando invertimos los focos y las ponemos en la mira, que las ideas pierden el hilo entre tirones de cabello, conduciéndolas en su búsqueda hasta la coronilla. Tras su asomo al sol atisban, echando raíces mediante la formulación de testimonios sobre la lumbre que aún superan. La brasa disimula la expansión de su dominio desdibujando sus fronteras. Su atractivo reside en los clari-oscuros que se apropia, en los trofeos que hace de los secretos que disecta, demorando el paso hacia el núcleo que exporta. En destellos se enajena de la sombra que destierra, fabricando penumbras de los lados que no alumbra para elementos des-carados que se bañan en sus chispas. Condenados están a mantener barbilla en alto, rigidizando la postura y pulverizando la espinilla, pues de inclinar la barbilla proyectarán una sombra que se clavará en sus pechos. Condenados están a mantener paso ligero en el plano del los tiempos, siendo sus sombras capas que exigen soplo y viento; de su movimiento menguar, los vientos que genera su acalorado paso abierto cederán camino a que la capa flote sin sentido, usándolo como eje para rotar al lado adverso, compensando por el ciclo incompleto que el sol dictó en su encuentro.
Y así el astro broncea las percepciones sobrexpuestas, tornándolas materia mediante la obsequiación de sombras. Y así llueven su inverso sobre la cabeza en la cual anclan, desprendiéndose del origen mediante el cultivo de raíces con las cuales tapar, cubrir, la esfera. Ya han sido malparidas como hitos distintivos, cubriéndolas de polvo sin darles materia propia. En pasmo señalan al globo hinchado que les curte, por la prisa de actuar, des-cubrieron el teatro.

martes, 12 de julio de 2011

Con los pies en la Tierra IV

Implosión

Implosión (inhalación)

Cuando se implosiona un edificio, se encorva hacia sus adentros, tras la retirada de su espina. Astilla los huesos con sobresaltos controlados, sacudiendo la estructura que coordina la caída, hormigones que patrullan las alturas en su línea de plomada, retomando los espacios que los vientos ya relamen. Fue la pólvora el componente distintivo, presente en la magma que moldeó la porosidad de lo concreto, alojándose en los nichos más activos para sellar con calidad su derrumbe. El debris se amontona, generando otras alturas que prescinden de paredes, ajena a los vacíos que le daban compostura. La materia se reorganiza en torno a una base progresivamente reducida, apiñada en consulta, mientras el viento allana área y reduce espacios a la ausencia que albergaban. En su retirada los bloques financian mediante recolectas de momentum la disipación de un desierto que transará con la nada las condiciones de su rendición. En su colapso prolongado una estela de sólidos emite rastros curvilíneos que se adhieren al destello y bautizan superficies. Las colindancias se conservan en la nitidez del colapso, el descenso es un andamio que ensambla la frontera para restaurar lo aledaño. Vaya forma de cortarle el vuelo, discipándolo en el cielo.

Falta subir "Explosión", una especie de secuela.

viernes, 24 de junio de 2011

Querer ser

Querer ser otra persona es cederle el cuerpo a lo que mantenemos distante. En el extrañamiento de lo ajeno no buscamos proximidad, sino que nos auto-imponemos un estado de euforia que se nutre de la distancia y el efecto espejismo. El mayor atractivo es que luzca borroso e inalcanzable dentro del desértico e infertil mundo de lo conocido. Cuando fuerzo la vista en su dirección, no busco atribuirle detalle, sino ahogarlo a fuerza de lágrimas. Al querer ser otro, la participación se limita a atestiguar la posesión de nuestro cuerpo, no por la otredad, sino por el espejismo que extraigo mediante el lagrimar constante de unos ojos agotados. Lubricamos los ojos como si se tratara de bolas de cristal. Les quitamos precisión y enfoque en el abrillantamiento de nuestras esferas, diluyendo la imagen reconocible hasta desfigurarla y poder hacer de sus despojos algo innombrable y con potencial monstruoso. No buscamos familiarizarnos mediante la transformación, sino desposeernos, y que eso "otro" ocupe nuestro lugar, desde la inconcebible, perceptible distancia. Si nos sumimos, es en el arrebato.

jueves, 19 de mayo de 2011

las palabras en el silencio: sonido cazado, degollado y tendido al revés. Hemos descubierto el elixir...marchito. Lo procesamos, disecamos, y proseguimos a fabricar el mejor simulacro posible: la escritura.

martes, 17 de mayo de 2011

Electrocución
Contaminación lumínica violenta el horizonte. La carne filtra ángulos agudos y esquinas cambiantes. Intersecciones regidas por semáforos desincronizados, la metrópolis creciente compuesta de accidentes. Espacios incorregibles que seccionan al habitante, saturándolo de parálisis. Se desatan ciudades de acueductos y plomería, carente de paredones. La estructura, un voladizo sujeto por cargas de viento. Se disloca el eje de gravedad.

Las células recomponen músculos desorbitados. Un nervio no conecta al entramado deslumbrante. En la huída, su huella es perturbada por la danza del fuego, le muerde los talones pero se distrae con carros veloces. Extraigo una espada de la roca y corto el gran alambre.

viernes, 13 de mayo de 2011

Adentrada la noche

Adentrada la noche, reuní suficientes fuerzas para apagar las luces. La oscuridad allanó mis ventanas, mutilándolas a tal grado que ahora lucen como el muro. Por alguna parte andarán perdidas, abiertas aún de par en par. Ya mediarán con el lado externo con el cual colindan. O tal vez hacen de la intemperie entraña, difícil de extirpar. Corté la cama con medio cuerpo, rindiendo lo suspenso ante el agotamiento. ¿Divisarán tierra inexplorada mientras me entrego a la cama? Posiblemente, pues me he entregado a medias, sin poder hacer nada al respecto. Las piernas no pueden corregir su paso si le provees aire como superficie. Pero las piernas buscan roca, y sus caminos no coincidirían cuando ya la ventana no anda sobre loza vertical. Se ha acostado sobre el horizonte. O se entiende cimiento de la oscuridad, o portal al infierno...o mira al firmamento, reconociendo a ese único punto de fuga de jerarquía indiscutible. ¿Cuán bien apagué las luces? ¡Cuan bien apagué las luces! He llegado muy lejos con esta pregunta. El progresivo corte de circulaciones confirma la llegada de dimensiones a la comodidad de mi cama. Ando, malparado, por un reducido circuito sanguíneo que me induce en un alarmante estado de alucinación, llevándome lo suficientemente lejos como para "pensar" que unas luces pueden apagar a medias. La infiltración de agentes externos siempre olerá a gato encerrado. Se puede exponer a los agentes del Descubierto por su distintivo holor a gato encerrado. La luna interviene desde distancias, ahora inimaginables, ahora que fundí mi luz. ¿Pero por dónde se infiltran, sin disponer de ventanas? Mi disposición a acostarme no fijó la posición de las ventanas. Por dónde se filtrará la luz sin ayuda de las ventanas? ¿Habrá alguna grieta en mi caja, habrá perdido un tornillo? ¿Tendré que clavar estacas en el próximo huracán? Las (pocas) luces ajenas relamen las grietas en registros bajos, reforzándolas con vacío. Enceguecido, recurro al origen y me arrojo al espacio, sin luces, tras el canto del gallo.

lunes, 9 de mayo de 2011

Al carajo con la escritura

Mis palabras están malditas y todo lo que digo se convierte en un problema. Maldita sea la escritura.

Con los pies en la Tierra



Son unos dibujos bastante viejos, ya cuentan con un año de edad y pertenecen a una serie que pienso continuar cuando tenga más tiempo, titulada "Con los pies en la Tierra"

martes, 3 de mayo de 2011

Lazos Rotos

Se enriza el cabo de una soga recién cortada que anunció su retracción con el quiebre de tensiones. La espina se discipa sobre el horizonte mediante un brote de alas. Mientras, la vista incoporpora el eje vacante en la búsqueda de un polo y la evasión de lo estrellado. La oscuridad que desplazas, robándole el puesto, emigra al firmamento. El blanco acoge en su canvas desertores, puntos en fuga, sumido en perspectivas. La batalla expone los grises de entremedio. Las paredes te cobran altura para reducirse a techo, tu caída lo conmemora erigiendo un sumidero. Tu aproximación al origen te otorga cualidades de base. La luz recluta tu vista en un último esfuerzo, ya ajeno.

jueves, 17 de febrero de 2011

El Yunque

Adentrada en el Yunque se encuentra una chimenea, seguida por un techo y cuatro postes. De su loza extrae peldaños que le ofrece al pie paseante. Qué extraño que exclamemos "tierra firme" tras forjar artificios que se acoplen a nuestro paso. Tallamos espigas y las derrumbamos para prolongar nuestro naufragio. Un hito derrotado que por no extender/prolongar nuestra mirada, se arroja ante nuestro paso. Pedazo de tierra expuesta que de mirarla petrificamos. Descarrilan nuestro rumbo por amoldarse a nuestra huella, señalando a diestra y siniestra, mientras les pateamos el costado. En recorrido vertical descubrimos otro suelo, que expuesto ante la vista, se libra de cimientos.

Sobre el piso reposamos dándole cabida al techo. Sobre el suelo suspendidos, convivimos, desiguales. Los puntos cardinales, a toda vista, quedan emparedados entre tapa y tapa. El panorama, sorprendido en su desnudez, se sonroja primero para entonces ocultarse. El sol se nivela con la tierra y, como pares, acuerdan no mirarse. Sin luz a la cual oponerse, la cegera cobra...sentido. Se aviva el ingenio y abrasamos el fuego. En un gesto de protesta, la gran sevlva dirige sus sus extremidades a las entrañas inflamadas La combustión ilumina caras dispuestas a discutir la imposibilidad del fénix y la necesidad de cerrar el ojo antes de que soplen las cenizas.

jueves, 10 de febrero de 2011

Casa

Casa rústica

El único sobreviviente del tránsito del viento había sido el marco de la puerta. Las ventanas sufrieron sobreuso y el muro se reapoderó de ellas. Se definió el volumen mediante su ceguera, declarando el exterior residual. El paisaje evitó su exterminio apellidándose Mural y lo salvó el hecho de estar en minoría y no llamarse Trampantoja. Era aquí donde las paredes se agazapaban en la expectativa del próximo espacio, asomándose sobre el marco como si se tratara de un mirador. Ya sobre el marco, sudaban brochazos y la tensión les desgranaba. Todo anclaje que conjuraran a su favor sería despeinado por el vuelo de la puerta

A la puerta siempre se le quiso fuera por su capacidad de ocupar distintos grados de espacio según se movía. Su rotación no controlaba tanto el tránsito como el acceso visual que se pudiese tener de su superficie, encausando la vista con sus márgenes fugados. Pero pronto nada de esto bastó: de un portazo selló un pacto entre muros, dejando atrás cualquier postura e inclinación mediadora, excluyendo hasta la más mísera ranura de luz. De la insistenca de los muros hizo una audiencia y del esapcio en el cual le suspendían, una tarima. Se entendió telón y enmarcó su huída, sirviéndose del eje para maniobrar su salida. Al final transó con el paisaje y se fue de su lado pero ocupando el menor espacio: en un ángulo de 90. Su procedencia, sin embargo, era rastreable mediante los goznes, y como nunca tuvo los pies en la tierra, su conversión fue difícil de creer.

Para el marco, la pared pesaba como muerto, pero el paisaje pataleaba. Lo que pudo ser cotidiano de estar aislado y mejor distribuido, resultaba ahora extraordinario en dosis concentrada. Los acontecimientos que en un principio se integraron al volumen sin esperar ser vistos ahora desfilaban frente a este en su afán de exhibir su verosimilitud. El diario vivir echaba raíces ante el oscuro asomo de un interior, y su conjunto y extensión conformaba un sólido que obstruía el tránsito. Los palomos cedían al contacto directo con la tierra en su adopción del nuevo ventanal. El sobrante se iba al umbral, desde el cual cagaban más de la cuenta para hacerse visibles bombardeando la tierra. De su estiércol se nutrió toda una generación de vacíos que hacinaron la entrada y la fatigaron con desuso. Finalmente uno de los palomos murió de viejo, algo que, aunque suponemos, nunca hemos visto, ya sea porque se da o en vuelo, o en rama. Su caída encubre todo rastro de paz con un quiebre de huesos. Por desafiar la gravedad, una muerte heróica para el animal.

Pronto el sol desarrolló la mala costumbre de repasar las maderas muertas, como quien le mira el colmillo a caballo regalado. Su prisa moldeó las criaturas más simples para que se encargaran de un marrón que, ni enverdecía, ni se incorporaba al barro.

Cuenta tuvo que haberse dado el anfitrión, quien funcionó para el rectángulo como su hombre de Vitruvio, proveyéndole a la débil geometría estructura adicional con la cual tachar el asomo de Sol. No bastaba tapar el cielo con la mano; sus brazos lo quebraron, siguiendo de largo hasta el verdadero agarre, en la formación de un triángulo que nunca sería perfecto debido a la presencia de la cabeza. Los tres triángulos restantes productos de la “X” acentuaron el barro, haciendo tanto hincapié mediante la repetición como las piernas que los parieron.

Fue conmoción lo que lo inclinó a tomar postura frente a la deficiencia de su casa. La gravedad se sintió en casa, distribuyó las cargas e hizo suelo, cimentándose sobre el acogedor gesto del anfitrión. El espacio se contuvo como el dueño no lo hizo, declarando al exterior residual y haciendo de él un huésped por prescindir del anfitrión. La caja negra proyectó visión hacia la intemperie, en determinada oposición al rayo solar. Un cubo extrovertido por su impenetrabilidad. Como vigía de la guarida, se autoexcluyó. Su descontextualización lo hacía desentrañable en un entorno que lo integró. Desubicado, pero inextraviable. Su remoción, inconcebible y la consecuencia, letal. Entregándose a lo cotidiano, anuló la auto-contención.