Boleto al cielo
Tengo entendido que el cielo busca hacer espacio pese a su exclusividad, y que su edificación continúa mientras muchos buscan hacerse espacio en él. Su entrada depende de cuán bien se abran cabida en un contexto tan transparente y falto de precedentes. Por mejores que sean tus intenciones, tan pronto consideras la idea de abrirte espacio estás dimencionando una porción del mismo que pretendes reservar para tu uso, poniendo mediante la separación de esa primera parcela un límite de cupo. La inclusión se logra mediante la separación de un área para sí, y con la garantía de que la misma no será usurpada. Fundamenta tu estadía con una loza de hormigón y arrojarás sombras sobre el prójimo, privándole del sol. De sembrar hormigón, el otro funcionará como gravilla estabilizadora. Pisotearás la loza y, reafirmando tu presencia, estarás pisando también a quienes la sujetan, atentando con tu desincronizada pisada contra su armonía y balance. De eregir paredes, desviarás la mirada con lo inclusión de alturas, y de emplear columnas el sol incidirá sobre lo etéreo con proyecciones fragmentadas, mientras la masa absorbe la luz hasta hacer de ella sombra. De colmar la copa con un techo, la sobrelaboración se vendrá abajo sobre la única otra superficie disponible capaz de sujetar su ruina: tú. Porque es lógico que, en el momento del desplome, todo techo continúe ejerciendo su peso sobre la base que desde el principio le sostuvo, siendo pocas las que continúan su caída por las profundidades de la tierra, tras romper la bóveda de alguna gruta que albergó al vacío. De camino al cielo todos perdemos nuestro boleto.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
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Por eso se crea la idea del trascendentalismo sin amarres. El espacio sigue siendo cualidad viva, no importa cuanto lo desarrollemos a un nivel abstracto.
ResponderEliminarMe gusta tu pensamiento, y pienso que definitivamente todos perdemos nuestro boleto. Este pensamiento va tomando en cuenta el cielo después de la vida, aquel que forma parte de los tres destinos junto al limbo y al infierno.No es una afirmación negativa, sino un resultado aritmético resolviendo las ecuaciones morales de las instituciones religiosas.
Ahora, atacando mi creencia de adoptar el cielo y el infierno como condiciones de vida, se puede extrapolar tu pensamiento como un análisis literario sobre la incertidumbre del destino. Esta incertidumbre causal (no casual) resulta en una lucha de supervivencia que a su vez afecta nuestro entorno, encausándonos aún más en un torbellino de decisiones que nos entierran continuamente en el destino encaminado. Es la "ligereza de alma" de la que habla la reencarnación oriental, o la pureza del alma cristiana libre de pecado, lo que nos encamina a un destino triunfante. Nuevamente este camino nos encierra en un marco aritmético donde nuestro deber es conocer en profundidad las variables que ajustan el equilibrio entre el bien y el mal, para al final tener un resultado neto positivo y al morir encaminarnos al cielo.
Tengo una idea: No.
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