lunes, 26 de septiembre de 2011

Villano y mensajero

Villano y mensajero
No sé cuánto podrá tardar mi mensajero. El destino le es tan próximo que no sabemos nada de las tierras en las cuales podría adentrarse. Aún no sé si ha captado el mensaje que le entregué, estando su cara carente de respuesta. Solo sé que su respuesta fue tardía, y algo ilegible. Como el que intenta reaccionar al augurio que le presentan las primeras palabras de un mensaje mientras intenta traducir el resto. Tal vez ese asentimiento que eventualmente me hizo llegar no es sino la distracción que le permitió demorar la digestión del contenido. Parece que el peso del contenido lo dejó algo falto de aliento. A buen entendedor, pocas palabras. De muy buen entendedor, aún menos. Rechazó mi atrecho y optó por el camino largo...pero si de algo estoy seguro, es que no hay vuelta atrás. El mensaje ya ha emprendido vuelo dentro de su circuito, y aunque lo arrastre por la extensión de su cuerpo, no le restará momentum. Pero la fricción prolongada incendiará su suelo y la ceniza de su cuerpo lo hará toser, por más que evite cantar. De ser una selva espesa lo que convoque ante el mensaje, solo le estará echando leña al fuego, y de presentar luego un pantano, solo hará bullir el agua...y es ahí cuando empezará a cocinar el caldo. Sólo faltará condimentarlo con pimienta, y es ahí cuando la piedra que opera de base le servirá de pólvora, y será su inicial dureza el principal catalizador. ¡De desear agregar sal, no tendrá más que tornar la cabeza y contemplar la ruina! Porque su mundo es redondo observado de lejos, y por más accidentado que haga su terreno, solo él lo conocerá lo suficiente como para tropezarse con la misma piedra en la fabricación de más detalle, y por más paisajes que agregue, ira cerrando el circuito, hasta completar la colección que exhibe nuestro globo. Todo círculo, para terminar, reclama su origen. Este perro no hace más que perseguir su rabo, y lo más que podrá cambiar con su demora será su estado o forma. Y si se torna en serpiente mientras muerde su rabo, tanto mejor. Nada de esto quebrantará su naturaleza de mensajero, y como es el caso de todo mensajero que finaliza una larga travesía, solo tendrá que abrir la boca para poder descansar...y hacer mi mensaje llegar.

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