miércoles, 28 de septiembre de 2011

Boleto al cielo

Boleto al cielo
Tengo entendido que el cielo busca hacer espacio pese a su exclusividad, y que su edificación continúa mientras muchos buscan hacerse espacio en él. Su entrada depende de cuán bien se abran cabida en un contexto tan transparente y falto de precedentes. Por mejores que sean tus intenciones, tan pronto consideras la idea de abrirte espacio estás dimencionando una porción del mismo que pretendes reservar para tu uso, poniendo mediante la separación de esa primera parcela un límite de cupo. La inclusión se logra mediante la separación de un área para sí, y con la garantía de que la misma no será usurpada. Fundamenta tu estadía con una loza de hormigón y arrojarás sombras sobre el prójimo, privándole del sol. De sembrar hormigón, el otro funcionará como gravilla estabilizadora. Pisotearás la loza y, reafirmando tu presencia, estarás pisando también a quienes la sujetan, atentando con tu desincronizada pisada contra su armonía y balance. De eregir paredes, desviarás la mirada con lo inclusión de alturas, y de emplear columnas el sol incidirá sobre lo etéreo con proyecciones fragmentadas, mientras la masa absorbe la luz hasta hacer de ella sombra. De colmar la copa con un techo, la sobrelaboración se vendrá abajo sobre la única otra superficie disponible capaz de sujetar su ruina: tú. Porque es lógico que, en el momento del desplome, todo techo continúe ejerciendo su peso sobre la base que desde el principio le sostuvo, siendo pocas las que continúan su caída por las profundidades de la tierra, tras romper la bóveda de alguna gruta que albergó al vacío. De camino al cielo todos perdemos nuestro boleto.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Villano y mensajero

Villano y mensajero
No sé cuánto podrá tardar mi mensajero. El destino le es tan próximo que no sabemos nada de las tierras en las cuales podría adentrarse. Aún no sé si ha captado el mensaje que le entregué, estando su cara carente de respuesta. Solo sé que su respuesta fue tardía, y algo ilegible. Como el que intenta reaccionar al augurio que le presentan las primeras palabras de un mensaje mientras intenta traducir el resto. Tal vez ese asentimiento que eventualmente me hizo llegar no es sino la distracción que le permitió demorar la digestión del contenido. Parece que el peso del contenido lo dejó algo falto de aliento. A buen entendedor, pocas palabras. De muy buen entendedor, aún menos. Rechazó mi atrecho y optó por el camino largo...pero si de algo estoy seguro, es que no hay vuelta atrás. El mensaje ya ha emprendido vuelo dentro de su circuito, y aunque lo arrastre por la extensión de su cuerpo, no le restará momentum. Pero la fricción prolongada incendiará su suelo y la ceniza de su cuerpo lo hará toser, por más que evite cantar. De ser una selva espesa lo que convoque ante el mensaje, solo le estará echando leña al fuego, y de presentar luego un pantano, solo hará bullir el agua...y es ahí cuando empezará a cocinar el caldo. Sólo faltará condimentarlo con pimienta, y es ahí cuando la piedra que opera de base le servirá de pólvora, y será su inicial dureza el principal catalizador. ¡De desear agregar sal, no tendrá más que tornar la cabeza y contemplar la ruina! Porque su mundo es redondo observado de lejos, y por más accidentado que haga su terreno, solo él lo conocerá lo suficiente como para tropezarse con la misma piedra en la fabricación de más detalle, y por más paisajes que agregue, ira cerrando el circuito, hasta completar la colección que exhibe nuestro globo. Todo círculo, para terminar, reclama su origen. Este perro no hace más que perseguir su rabo, y lo más que podrá cambiar con su demora será su estado o forma. Y si se torna en serpiente mientras muerde su rabo, tanto mejor. Nada de esto quebrantará su naturaleza de mensajero, y como es el caso de todo mensajero que finaliza una larga travesía, solo tendrá que abrir la boca para poder descansar...y hacer mi mensaje llegar.

martes, 20 de septiembre de 2011

Cuerpos

Cuerpos
Desviamos incansablemente una espesa gama de atentados sin conocer tan siquiera el veredicto omitido sobre lo culpable. No hay medallas de valor que asignar en este campo, y los premios progresivamente abultan la conciencia, al no tener otro espacio. Sabemos que presidimos una totalidad que la vista no puede abarcar, formando parte de ella. De la célula cobrar visibilidad, lo hace fuera del tejido, buscando su sentencia bajo un escrutinio extrahumano. Siendo indivisible el ojo en su función, solo puede enfocar, no descomponer. Las señalaciones de específicos solo se pueden dar de forma acusatoria, por medios ajenos a la vista. Pero si se asemejan a algo en su ceguera, no es a la Justicia.

Redactamos órdenes sin encabezamiento ni destinatario, distribuídas por el viento, y disponemos de portavoces que reportan para sus adentros. Cada dato se archiva en anaqueles inentrañables, firmados por representantes que acuñan el pulso de mil ancestros. Un diseño impulsado ha ya milenios le abre lugar a un vasto complejo, eregido sin firmas ni sellos, según dictado por lo intraducible. Sin registros demográficos manejamos lo innumerable y en predecible harmonía cada integrante ocupa su puesto. Sin registrar muertos o enfermos, suprimimos toda pandemia y de sobrepoblar el casco, consumimos el exceso. Poco sabemos de los impuestos que dicho reinado exige, aunque cada partícipe, por su anonimidad, tiene un precio a pagar, teniendo el precio sobre su cabeza, todo lo que se destaque.

El rol de la voluntad en los mecanismos descritos no encaja, solo tras reconocer que esos asedios los encabeza el mismo gen que nos encausa. Finalmente el yo se vuelve en su contra, tornándose irrastreable; se encamina en reverso con tal de borrar las huellas. Su paso se vuelve lento pues en caminar ya no consiste su empresa, encaminándose en vez por un sendero más incierto. Se torna el paso trastabilloso mientras más nos volteamos a admirar la distancia cubierta, que también, por ser distante, reclama la vista hasta enceguecernos. Trastornando la superficie con sus crecientes tropezones, cava un hueco que su vista omite en la búsqueda de perseguidores.

sábado, 13 de agosto de 2011

Once de agosto

René Duchesne Sotomayor
Once de agosto
Este pasado 22 de julio unas hormigas invadieron mi cereal en números intuíbles tan solo por la pequeña hilera que formaban sobre la caja. Por no alcanzar una cifra que representara la totalidad, me contenté con la palabra "innumerables" para resumir sus huestes, descartando la caja dentro del congelador apresuradamente. Pasaron las horas sin que sus filas cruzaran mi mente. Fue en la noche que me dieron alcance, tras adentrar sus patas en un estado de parálisis. Sacudí la caja y escuché un estremecimiento distinguible por acompañar al del cereal. Contuve las hojuelas mientras me servía otro producto sin cambiar de caja. Las había reducido a materia de tan solo descontextualizarlas, arrojándolas dentro de un acondicionador cuya especialidad es el aire. Esta pérdida de vida fue resaltada mediante la alteración de sus formas. El frío ató sus patas encorvándoles las espaldas y clausuró las bocas con el entierro de sus pinzas. Era su recién adquerida uniformidad lo que hacía más registrable su cantidad. Era tras la inmovilidad que los números surgían, reclamando esas huestes que perdían terreno en las materias del peso y la presencia. Números que ocupaban carcasas para tener donde resonar.

Cayendo ya en la repetición y poco antes de terminar la cuenta, una cifra estiró la pata, abriéndole espacio al paso de una hormiga. Sabiendo que mil agentes invisibles podían influír sobre lo apenas visible, me hice de la vista larga y continué el conteo, empleando la hilera (de hormigas) como camino. Borrón y cuenta nueva, reanudo el paso con números distintos tras desviar mi vista por una segunda hormiga que creí haber dejado atrás. Esta pluralidad distinta me hizo perder rastro del tiempo mientras ocupaba mi vista en la formación de caminos que, a pesar de acortarse, no me servían de atrecho. El conteo regresivo solo me pudo conducir a un cambio de palabras, pues la reanudación de su paso agujereó mi camino, reduciéndolo a saltos con el rompimiento de filas. Pronto mi vista emprendió vuelo interceptando caminos superpuestos que me daban nuevo suelo. Mi vista, en fin, se elevó, retomando un horizonte que se encontraba a una altura distinta a la de las hormigas. Pero no fue fácil ignorarlas una vez perdidas de vista, y no exigí la devolución del pésame que cogieron prestado. Tan sobrehumana era la capacidad de carga de estos animales, que aún lo sostenían con las pinzas. Seguramente lo habrán hecho caber en las entrañas de la tierra hasta depositarlo en el nido, donde les servirá por algún tiempo como fuente de energía. O tal vez permanezca intacto en la reserva como un último recurso, una provisión innombrable que bien podría ser veneno.

Hoy 11 de agosto, retomo el relato y lo torno cuento. Los días entremedio también innumerables, se me escapan a paso de hormiga, aunque no me gustaría pensar que exeden la cantidad de hormigas observadas aquel día. Aprovecho la distancia que me impidió sentir sus vidas para concederles el beneficio de la duda, y así como aquel día las di por muertas, ahora en contraste, las doy por vivas.

domingo, 17 de julio de 2011

Rectilíneo

-dedicado a ese curioso parque tan próximo a mi casa.

En la señalación acusatoria toda línea se desvía. Absorta en una meta extraña a toda tierra y ajena a geografías omite las irregularidades que a pasos empuja. . En desuso cayó la vista por recostar los ojos sobre el horizonte, encargándole a los pies una tarea que no les toca por serle inversa al tacto, induciéndolos en la ceguera sin haberles dado vista. Y en ese idioma lanzamos líneas rectas que correspondan a ese horizonte...cuya esbeltez extirpamos de la distancia en la cual lo situamos. Líneas rectas que le competen por la perpendicularidad que entre ambas entablan. Extraña al contorno en el cual, a veces, se sepulta y en otras, sobrevuela. Penetra rocas sin desplezar su materia y se adentra en montañas sin formar parte de ellas, al igual que dispone del cómodo descenso que despliega el valle ante el pie del viajero. Sólo unas veces fluctuará paralela a la tierra, incorporando los puntos que el rocío ocupaba sobre la grama. De esa vasta superficie que en pliegues propios se aposenta, solo a unos puntos interpela lo rectilíneo y descarrilado, descociendo por los mismos al panorama del cual los expolia. Pero la línea concentró su bagaje en las dimensiones de su huella, imprimiendo la misma en intervalos muy prolongados que las hacía islas entre fluídos, obstáculos entre senderos. Pero las aguas también dictan sus cauces sobre los cristales tras los cuales miramos. Encapsulando en su camino al punto mediante el cual escogió manifestarse tal línea, atrecharon por tu carne en la búsqueda de la Tierra.

miércoles, 13 de julio de 2011

Es una idea

Es una idea

En persistente restricción las palabras merodean, en constante retirada sus números se engrosan. Las acciones que les invitan a interpelarnos contrarian sus designios. Es por la noche, cuando invertimos los focos y las ponemos en la mira, que las ideas pierden el hilo entre tirones de cabello, conduciéndolas en su búsqueda hasta la coronilla. Tras su asomo al sol atisban, echando raíces mediante la formulación de testimonios sobre la lumbre que aún superan. La brasa disimula la expansión de su dominio desdibujando sus fronteras. Su atractivo reside en los clari-oscuros que se apropia, en los trofeos que hace de los secretos que disecta, demorando el paso hacia el núcleo que exporta. En destellos se enajena de la sombra que destierra, fabricando penumbras de los lados que no alumbra para elementos des-carados que se bañan en sus chispas. Condenados están a mantener barbilla en alto, rigidizando la postura y pulverizando la espinilla, pues de inclinar la barbilla proyectarán una sombra que se clavará en sus pechos. Condenados están a mantener paso ligero en el plano del los tiempos, siendo sus sombras capas que exigen soplo y viento; de su movimiento menguar, los vientos que genera su acalorado paso abierto cederán camino a que la capa flote sin sentido, usándolo como eje para rotar al lado adverso, compensando por el ciclo incompleto que el sol dictó en su encuentro.
Y así el astro broncea las percepciones sobrexpuestas, tornándolas materia mediante la obsequiación de sombras. Y así llueven su inverso sobre la cabeza en la cual anclan, desprendiéndose del origen mediante el cultivo de raíces con las cuales tapar, cubrir, la esfera. Ya han sido malparidas como hitos distintivos, cubriéndolas de polvo sin darles materia propia. En pasmo señalan al globo hinchado que les curte, por la prisa de actuar, des-cubrieron el teatro.