jueves, 12 de febrero de 2009

Los Cuernos de viento

Los cuernos de viento

Hay un hombre lanzando por todo un valle
una mirada, levantando el cuerno claro
claro, la gloria no fue difícil, soltará
todo lo allegado mediante ella

hileras de hombres armados, contando
con hondonadas de vientos por los hombros.
Sabrán gritar
aún cuando confluyen en ese mismo viento
los tiros, no dicen nada.
Y es posible que estrellen el cielo, por
sus truenos, con estrellas
como lo hizo un tiempo antes visto.
Antes visto que imaginado
pero no, antes, ¿quebrado?

Pero tuvo sus momentos
y el viento escandaloso y frío pudo consentir.
Por un lado vimos que también creció durante
el grito de un cuerno.

Hay que ver qué se fue luego del viento
o junto a aquel viento. El cuerno siguió.
Entre tanto, siempre, entre tantos
“se ocultará la serpiente en la hierba”.

En cuanto a que no quiere el hombre,
puede saber que pierde algún gran querer.
Levantando todos lo perdido, como lanzas
por las piernas y muslos que se posan en el paisaje.


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Los cuernos de los vientos

La pérdida, en el viento, fue mayor:
No pretende decir más
por aquello, en cuanto a que lo sabemos todo.
lo continuaré en murmullos no reconocidos
mientras que veo cómo la pradera me dice
lo dulce, para estar con lo dulce.
Ahora sé lo que sentirá con sus gramas electrocutadas.

Cómo pude decir alguna vez,
“la pérdida del viento será irrecuperable”.


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Inhalaciones y brisas fuertes

Amaría todo lo dicho en un futuro
ya que en odio tal, tan presente
salpico cuernos en delatador
compromiso.

Qué inseparable es de la grama todavía verde
la tierra de su siembra.

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