domingo, 6 de febrero de 2011

Ruina II

Si para los muertos construimos espacios nuevos que ocultan su deterioro, es sólo lógico que los vivos perduremos en la ruina que expone nuestro pulso. La ruina se habita sin lucir tomada, y sólo los perros logran marcarla sin habitarla. La intemperie es el anfitrión y lo hace presente con su ausencia. Se yace en ellas sin que fechen la noche y sin llamar tu nombre. El techo se aligera aún mientras reposas, por no pesar como la lápida. Se quiebra ante la idea, se retira. La mañana en complicidad oculta sus esfuerzos, haciéndote frente sin necesidad de ventanas. Se asoma tras el cuerpo se inclina sobre el tuyo. Nos dispersamos rojos en las afueras para, al cabo de las horas, secarnos.

sábado, 5 de febrero de 2011

Parpadeo

El parpadeo: la autexlusión interrumpida, la edición constante de una imagen desvaneciente, la ingresión paulatina en el revelado de una imagen, Un combustible extraído de la superficie terrestre para estimular la progresión de imágenes inconsecuentes. Cuando quieres ceguera solo basta abrir los ojos para que un momento de claridad convoque nubes a su favor. Mantenga los ojos abiertos para conducir la imagen al desespero y atestiguar lo nunca antes visto: la autocombustión. En su retirada, hará de tus ojos pleyeras. Solo de esa forma es que podrá controlar el espectáculo. Finalmente, cuando despaches a los ojos, dejarán un rastro rojo en la oscuridad, medio que, pese a su ausencia, te permitirá encontrarlos.

domingo, 30 de enero de 2011

Ruina

La casa novata celebra sus cimientos con la proyección de un doble que se encarga de la magia. Su acto principal es proveer "techo". a todo el que lo bautize. La función se da seis días a la semana, pero el séptimo ya nada trabaja. La casa novata sostiene bóvedas sin que alcancen celestes, regalándole sombreros a las dudas que se asoman en búsqueda del sol y diciéndoles que se lo agradecerán el día del diluvio. La casa novata raciona las sombras entre los muros que sostiene según los días que les echa.

La ruina se reinventa en retirada, agachando su techo hasta el suelo, aunque prive a sus pies de sombra. Repara con vistas su interior ignorado, pagando con pieles los focos que a diario le rinden el sol y la luna. Las escrituras de la tierra están libres de pretextos, disponiéndo de herramientas provistas por un Futuro que, en contrato anciano donó su tiempo y sus portales, proveyéndole a la tierra mundana ese don imperdonable de materializarse de la nada. En vano ruina acude a un paisaje inalcanzable para tapiar sus accesos y reforzar su encuadre. Abre sus ventanas bocabajo para no encarar vándalos que le dejen los ojos morados y la hagan ver las estrellas. Hace de su pared un poro para no retener más al tiempo, quien en prolongada estadía, se ha sentido muy en casa. Los chicos estiraron sus pies más allá de sus cobijas y dejaron de pisarle sus pies en los bailes. Se colaron goteras que le arrancaron las pinturas y barrieron con el desvanecimiento de las huellas.

domingo, 23 de enero de 2011

Casa de perro

Tras el regreso de mi perro pregunté en las afueras por una casita perdida. Aunque no ofrecí descripciones que facilitaran la búsqueda, sabía que hacía de mi casa un espacio inhóspito. Encontramos una casita que, aunque plástica, emulaba maderas y un techo de tejas. Su efectividad se amparaba del intento, más que del cumplimiento de mis expectativas. De la aproximación y la disminución de la distancia, más que de la localización de mis exigencias. Pronto otros factores inimaginables pero en absoluto mágicos invadieron y se instalaron en mi raciocinio, tales como el que yo, a mi edad, la pudiese levantar. A mi perro nunca buscó convencer, y hasta el día de hoy ni las yerbas la habitan. A todo esto, ¿en dónde residía el problema?

Esperanzas

¿Por qué es que las esperanzas están tan determinadas a desgastarse ante la luz artificial? Cuando más abundan es cuando yacen muertas. Por qué añoran la ceguera tras surgir de la oscuridad? Hojas verdes crecidas en ascenso desproporcional. Tras sus cuerpos incendiados no hay sombras que proyectar. Si apago la luz para salvarlas, se esfuman. Mejor es no verlas y saberlas distanciadas, a tenerlas quietas bajo un bombillo. Vendo esperanzas a montón por chavo, recalentadas pero no reanimadas. Más que muertas, regurgitadas, por el bombillo engañoso que las consumió. La luz solar las resguarda entre sus hojas, como a todo otro retollo. Las acostumbra a su presencia robándose calor en sus primeras horas. La bombilla ennegrece la noche y auyenta el recuerdo del sol. Dispone de muros para simular su alcanze y de un techo para engrandecerse.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Escribo esto en lugar de recopilar los primeros fallos que ha señalado el jurado de un compañero. Esto es lo que yo llamaría complicidad, no sé si con el jurado o con la víctima. A todo esto no me distingo del resto en una escena donde lo crucial es ser visto anotando. Esto no tiene por qué ser leído. De seguro algunos de los míos dibujan garabatos, en vez que anotar. Este garabato no debería superar el resto. Pero esto le es un garabato al ojo humano por ser legible, a diferencia del resto. Su función principal siempre fue la de rellenar tiempo, espacio...la de cumplir con la imagen. Dos vistazos de la profesora le han provisto base a toda esta retaíla, y de seguro he sobre-reaccionado. Me vigila, me castigo. Lo mejor es interrumpir la historia, todo con tal de que no les sea posible ver anotaciones o "bullets" cuando me miran de lejos.

viernes, 21 de agosto de 2009

Yo he visto al sol morir dos veces.

Esto lo escribí ayer, a la 1 am, en uno de esos momentos (que ya no puedo llamar "día") en los cuales veo al sol morir dos veces antes que yo, de una forma sobrenatural.
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Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Se ha enterado y enterrado, y por ello soy mortal.
No cuento sus muertes con romanos, cruzando el quinto sobre él.
Le dedico números estrechos que sólo culpan al papel.

Yo he visto al sol morir dos veces, sin parpadear.
Suspendiendo todo cuento
que a la luz de falsa hoguera deslumbré.
Y mientras que puedo con descaro
predecir su muerte, sin placer,
ya sé que de alzar mi lanza
se cruzará con rayos que ha mil años sobre mí varó.